Límite de placer

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Son muchas las parejas que, no sin razón, se adentran en el mundillo practicando única y exclusivamente lo que les gusta. Pero aquí entramos en un conflicto, la pareja no avanzará como podría y las sensaciones no serían las mismas. Una pareja BDSM no ha de guiarse únicamente en los gustos de su partener, sino saber jugar con ellos. 

En una relación BDSM lo que importa son los límites, esas prácticas que no podemos realizar bajo ningún concepto ya que nos causan un rechazo mayor (asco, miedo, el dolor nos expulsa de la agradable situación…) y que se diferencian de las practicas que aunque no nos gusten (muy populares el sexo anal o azotes algo más duros que los eróticos) sí aceptamos. Ya que en una pareja BDSM hay que experimentar de todo: lo que nos gusta y lo que no nos gusta (pero sí aceptamos). Y nunca obedecer u ordenar una práctica que esté en ese listado de Límites.

¿Porqué es tan importante? Muy sencillo. Si a tu pareja únicamente le otorgas placer no sabrá valorar tu posición y no dará motivos suficientes para que la relación pueda desarrollarse de una forma exponencial. A la parte sumisa hay que hacerle sentir humillada, confusa, nerviosa…todo lo que te permita hacer y que no le guste para que luego esos premios de placer puedan ser realmente valorados y quiera esforzarse a mejorar e hincar los codos entre ambos para que podáis disfrutar cada vez más y vuestra comunicación sea más precisa.

Hay que tener aún así un punto muerto, entender que no todo es blanco o negro. Un ejemplo. Supongamos que la parte sumisa, como a muchos Amos les gusta, debe poder introducirse su pene hasta el fondo y sentirse “usada”, no le gusta pero lo acepta. No es Limite. En este caso no se podría forzar así como así porque “no es un Límite” ya que entramos en un tema de seguridad y salud. Forzar puede suponer desgarre interior muy grave.

¿Qué habría que hacer entonces? Como Dominante lo que habría que hacer es estimular el aprendizaje de la sumisa y negarle algún tipo de placer que le guste (y te guste darle en las sesiones), por ejemplo unos azotes suaves en su sexo, que no obtendrá hasta que consiga cumplir ese objetivo. Una vez lo consiga se le otorga un premio especial, uno que en vez de ser pensado por ti, pueda ser escogido por ella y que debe ser elegir en ese momento. 

¿Qué se consigue con todo esto? Que ambas partes aprendan a superarse, disfrutar de esa superación y las nuevas posibilidades que ofrece. Además la parte sumisa conocerá la diferencia entre tener placer y tener placer por recompensa ante su comportamiento, hecho que le hará valorar mucho más su esfuerzo. Y en el caso de la parte dominante le ayudará a conocer a su compañer@ de juegos y a saber exigir sin sobrepasarse ni buscar la amenaza típica de usar un límite.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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