Academia Femdom (II)

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Pasaron los dos días y el fin de semana tocaba a su fin. Parecía que habíamos recobrado nuestros tiempos de facultad y que volvíamos a ser uña y carne. Vimos películas juntos y nos tumbamos en la playa para ver luego el atardecer. La noche de sábado, Clara me invitó a salir a una discoteca de la playa, cosa que yo acepté gustoso. He de reconocer que estaba despampanante, maquillada con esmero y con un carmín fuego en sus labios. Llevaba un corto vestido negro que apenas tapaba su ropa interior, dejando entrever algunos encajes de vez en cuando. Esta vez, había vestido un sujetador que realzaba sus ya de por si abundantes senos. El pelo lo llevaba recogido en un tocado que dejaba admirar sus hombros desnudos. Unos zapatos negro vinilo de tacón de unos 8 cm. remataban el modelito, dándole un aspecto despampanante.

Nunca la había visto tan atractiva como entonces (antes ella había odiado los zapatos de tacón), el cambio que se había producido en ella me hizo dudar un poco de mis intenciones amistosas, aunque sólo fuera por un instante.

La noche había ido y bien y tras bailar un rato, nos habíamos sentado en un sofá en la zona de copas. Ya habíamos tomado unas cuantas copas y no parábamos de hablar entusiasmados de nuestro primer encuentro en la universidad. De pronto, entre el ruido de la pista de baile Clara aprovechó la oscuridad para sentarse encima mía y comenzar a besarme el cuello. En mi embriaguez me dejé hacer, hasta que me metió la lengua en la boca. Fue como un rayo lo que me iluminó la mente y me hizo retroceder ante su ataque. Tras despegarse un momento, se inclinó y me dijo al oído que estaba caliente y que quería follar.

–Clara, me parece que has bebido demasiado…sabes que sigo con Laura y que no puedo darte lo que pides.

La mirada de odio volvió otra vez a sus ojos. Automáticamente se despegó de mí y se levantó para recoger las cosas. Su tono de voz había cambiado, desapareciendo toda su dulzura.

–Vamos, llévame a casa. Quiero dormir y aquí ya no nos queda nada por hacer.

En el camino de regreso no dijo una sola palabra. Cuando abrió la puerta de su casa se giró y me pidió perdón por todo, indicándome que podría dormir en la habitación de su hermana si quería y que ya partiría al día siguiente. Cuando ya iba a subir las escaleras para acostarme me la encontré sentada en el salón principal preparando unas bebidas.

–Vamos, tómate la última conmigo. Que no haya funcionado no significa que no podamos despedirnos como amigos, ¿no?

Acepté a regañadientes y me senté a su lado. Brindamos por el futuro mirándonos a los ojos.

Había un silencio absoluto, los relojes marcaban la medianoche y sólo esperaba terminarme la copa para huir de ese ambiente tan asfixiante. Poco a poco empecé a notar un calor extraño que me hizo marear. Intenté incorporarme pero noté como me faltaban las fuerzas, me mareaba, no podía siquiera emitir palabra alguna. Mis brazos y piernas pesaban mucho y no podía hacer otra cosa que contemplar lo que ocurría a mí alrededor medio drogado.

Al verme en ese estado, Clara sonrió maliciosamente.

–No creas que he olvidado los dos desplantes que ya me has hecho. Pero no te preocupes, lo tenía todo preparado de antemano. Sabía que te volverías a negar por culpa de esa zorra de Laura, pero ya no te me volverás a escapar.

Clara se levantó y avanzó hacia una cajonera. Sus zapatos de tacón resonaban en el suelo de mármol. En estado semiinconsciente, no podía hacer otra cosa que dejarme llevar. Su culo se movía acompasando sus pasos. Clara volvió y con unas tijeras comenzó a cortar mis pantalones y camisa, y a dejarme completamente desnudo.

–Esto ya no te va a servir más. – dijo maliciosamente.

A continuación, la oí subir arriba y la vi bajar con mi maleta y mis cosas. Vació todo el contenido de la maleta en la chimenea, la cual se encontraba ya preparada para su uso le prendió fuego. Poco a poco me iba poniendo nervioso, mi DNI, mi teléfono móvil y otros documentos estaban ardiendo junto a mi ropa para siempre, y no podía ni pestañear. Clara se acercó poco a poco a mi con algo en la mano, que no logré identificar. Se arrodilló justo delante mía y me separó las piernas. Un aparato de castidad de plástico apareció ante mis ojos con horror.

–Una faceta que tú no conocías de mi es mi pasión por la dominación femenina. Siempre he sido un poco vergonzosa y no me he atrevido a revelarlo a nadie. Pero creo que tú eres el candidato ideal para ser mi…primer esclavo. – Dijo mordiéndose el labio carmesí – Antes de colocarte este cinturón de castidad, voy a colocarte otra cosita en su interior. Sólo podrás tocarte cuando yo te deje y del modo que yo diga…después de haberme rechazado dos veces, podré ver como te arrastrarás para pedirme que te deje correrte en mis zapatos de tacón.

A continuación, me colocó una especie de gomilla con un chip en el flácido pene, el cual introdujo en el aparato cerrándolo con una llave que a continuación se colgó del cuello y que reposó entre sus calientes pechos. Seguidamente sacó de una bolsa oscura que se encontraba entre mis piernas y que no había descubierto antes, una serie de tobilleras y muñequeras de cuero negro, con una anilla y un candado que las cerraban y nos las dejaban abrir, colocándomelas una a una. Para finalizar, sacó lo que parecía ser un collar y una correa de perro que me colocó.

–En esta correa pone tu nombre a partir de ahora, LAMEDOR. Más te vale no intentar quitártela nunca, porque si no, te daré tal paliza que no podrás ni arrastrarte por el suelo.

Se alejó un par de pasos hacia atrás y pareció satisfecha. Colocó los brazos en sus caderas y me dejó a entender que esta situación duraría.

–Por si no te has dado cuenta, estúpido perro, tu vas a ser el próximo animal que ocupará la caseta del jardín. No te preocupes que ya lo tengo todo preparado para que te instales – dijo con una sonrisa.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmak

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