Halloween atrae pasiones

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Era la noche de Halloween, y el día de antes recibí una anónima invitación en el buzón, con la hora y dirección de aquel lugar. Así que allí estaba yo, delante de aquel almacén, escuchando como se filtraba el eco de la música alrededor. Voy vestida para la ocasión con un corpiño negro de encaje con un culotte de cuero, medias oscuras hasta la pantorrilla con un liguero rojo en el muslo derecho, unas botas altas por encima de las rodillas y una chaqueta de cuero larga casi por las rodillas (tapándome lo justo). Mi pelo lo llevo con mucho volumen, la tez ligeramente pálida destacando así mis ojos con sombras negras ahumadas y, mis labios, rojos a conjunto con mis uñas duras y largas.

Me dispongo a entrar y, al abrir las puertas, se me quedan mirando al pasar. Los tíos me comen con la mirada y las tías con envidia. El sitio está muy bien ambientado, al ser viejo y oscuro, con luces parpadeantes, cosas colgando por todo el lugar… Me encamino a la barra a por algo de beber y me pillo un cóctel (Tequila y zumo de maracuyá y granadina). Mientras me lo bebo, percibo la silueta de un tipo con una mascara cubriéndole la cara, una cadena gruesa de hierro alrededor de su cuello y pantalones vaqueros rasgados, al igual que la camiseta, también rasgada y manchada con sangre.

Me quedo mirándolo detenidamente, sintiendo que lo conocía de algo, pero sin saber de qué. Él está apoyado en la pared, con los brazos cruzados despreocupadamente y hay algo en aquella postura que me recuerda a alguien. Al percibir que lo observo, me mira de arriba abajo deleitándose con cada parte de mi cuerpo, hasta que posa su mirada en mis ojos y me brinda una sonrisa que yo le devuelvo gentilmente.

Él no me quita los ojos de encima y sigue cada uno de mis movimientos mientras bailo, hasta que me dirijo hacia los baños y paso justo a su lado rozándole ligeramente el brazo. Al meterme por el pasillo que lleva a los servicios, noto que me siguen y miro hacia atrás, pero no veo a nadie. Sigo caminando por ese espacio oscuro, ornamentado con algunas velas encendidas por el lugar iluminándolo justo. Al doblar la esquina me choco con alguien y, al levantar la vista pidiendo disculpas, me doy cuenta de que es él: me coge del brazo y me arrastra hacia un cuarto lleno de trastos, cajas, un billar viejo con el tapiz descolorido y viejas maquinas de juegos. Me arrincona contra la pared ubicada detrás de nosotros. Forcejeo con él y él intenta cojerme las manos, pero no lo consigue y le saco la máscara, dándome cuenta de quién es (mi vecino del cuarto, con el que había tenido breves encuentros en el ascensor).

La sala estaba solamente iluminada por la luz de la luna, que se filtraba por las ventanas, sobre todo por una rota. Me apoya bruscamente sobre una de las maquinas, saliendo un leve polvillo por detrás de mí. Me coge por mis cachetes del culo y me sube, sin previo aviso, encima del billar, mientras nuestras miradas no se deslizan ni un ápice, rozando ligeramente mis labios impregnados de carmín pero sin llegar a tocarlos desplazándose hacia mi oído. Entretanto, abriéndome las piernas y metiendo su cintura en ellas, sube su mano derecha llevándola a mi nuca y girándome la cabeza conforme me  coge del pelo, al tiempo que lo levanta por detrás haciéndome estremecer de placer. Me baja la chaqueta un poco asta los codos, dejándome los brazos prisioneros en ella y ahí me besa apasionadamente, dándome pequeños mordiscos en los labios unidos a pequeños tirones. De ahí, baja por mi cuello, mientras me saca la chaqueta, liberando así mis manos para poner su cuerpo en ellas.

Él aprisiona más sus caderas sobre las mías, sintiendo así como va aumentando mas la erección de su entrepierna sobre ellas. Me saca el corpiño desabrochándolo por delante, dejando mis pechos al descubierto y al alcance de sus dientes, provocando tal dureza en mis pezones y tal excitación en mis pechos que me dejan inmóvil mientras él los besa, acaricia y lame como si de mis labios se trataran. Vencida por la sensación en mis pezones, lo halo del pelo tirando su cabeza hacia atrás, posando mis labios en la base de su cuello y lamiéndolo hasta el lóbulo de su oreja, para allí darle un mordisco en la oreja por el ansia de sentir su piel y sigo el camino por su mandíbula hasta llegar a sus dulces y excitantes labios, dibujando su contorno con mi lengua antes de introducirla dentro de ellos.

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Siento una sacudida de placer al sentir una ligera brisa proveniente de la ventana, haciendo que mis pezones, húmedos por sus labios, se pongan aún más duros, lo que me estaba haciendo hormiguear mi piel. Mientras tanto, me susurra al oído que le diera la mano, se la doy y me guía con la suya a lo más profundo y caliente de su pelvis. Frota mi mano sobre ella por encima del pantalón y notando como su polla está a punto de estallar, por lo que me dispongo a meter mi mano en ellos, bajándole los pantalones y, para mi agrado, sin ropa interior, excitándome más al sentirla en mis manos dura, firme y exuberante. La deslizo en mis manos con una leve presión, arrastrando mis manos por toda ella desde la base hasta llegar al glande, acariciándolo y recorriéndolo, a la vez que con mi otra mano también acaricio sus testículos. Yo quiero comérsela entera, lamerla fuertemente e introducirla hasta el fondo de mi garganta, pero cuando me dispongo a bajar del billar, me para sacándome el culotte y el tanga de golpe, volviendo a posar sus caderas sobre las mías, sintiendo su polla sobre mi coño húmedo y con ganas de sentir su polla dentro de mí. Me penetra fuertemente, yo grito de gozo sucumbiendo al placer de sentir su polla dentro de mí y ahogando mis deseos de ella, terminando de calentar el resto de mi cuerpo al tener el suyo sobre mí. Él entra y sale sin descansar, mientras yo me zarandeo con cada una de sus violentas y apasionadas envestidas.

El disfrute es brutal y me corro, pero él continúa perforando mi húmeda vagina hasta que finalmente la saca, se pone de pie frente a mí y se corre alrededor de los pezones que él endureció y aún permanecían así, pues mientras me follaba no dejaba de chuparlos ni un segundo. El gime de placer y yo noto como su húmedo semen recorre mi cuerpo desde mis pechos hasta mi vagina, para, una vez cercano ahí, coger uno de mis dedos y subirlo de la vagina a mi pecho, recogiendo gotas de él y llevándome el dedo hacia mi boca, para lamerlo con mirada lasciva. Entonces él me mira, me besa en los labios, coge su máscara, se sube los pantalones y se vuelve a las fiesta desvaneciéndose entre la gente. Yo, sin embargo, me quedo allí, tumbada sobre el billar y al recordar su polla dentro de mí empiezo a tocarme en busca de un nuevo orgasmo que alcanzo en breves instantes y alivia mi sed hambrienta aún de sexo. Una vez satisfecha, me visto, me vuelvo a la fiesta y bailo como si nunca hubiera pasado nada, aunque esa noche, al volver a casa, escribo esto en mi diario para nunca olvidar lo sucedido.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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