Academia Femdom (X)

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No pude evitar cerrar los ojos al terminar de escuchar aquella diatriba ultrafeminista. Para mi sorpresa, noté una molestia en los ojos y tuve que abrirlos de nuevo, las gotas estaban haciendo su efecto.

– Las mujeres tenemos derecho de muerte y vida sobre vosotros. Os podemos utilizar como mulos de carga, como mascotas o como simples ceniceros y vosotros estáis obligados a obedecer y callar. Recordad, que si os rebeláis podréis ser corregidos por vuestras amas de cualquier forma posible, ateneos a las consecuencias. – dijo riéndose con voz ronca.

Por fin había llegado el día de visitar a Jorge a la academia y no podía negar que estaba excitada con la posibilidad de haberlo domado a sus caprichos, habían pasado dos semanas desde el excitante reencuentro. Se terminó de poner su vestido corto de florecillas y eligió unos zapatos rojos de tacón a juego, abiertos por delante, dejando vislumbrar sus coquetos dedos pintados del mismo color. Con soltura, tomó la fusta que había comprado en la academia tiempo antes y se la colgó de la muñeca. Brazos en jarra se miró al espejo y se sintió poderosa, imponente.

– Nene, prepárate para la visita de tu dueña. – dijo mirando divertida la imagen del espejo.

Pero también tenía sus dudas. ¿Qué pasaría si LAMEDOR no estaba aún preparado? ¿Y si el entrenamiento no había surtido efecto y aún persistía en su rebeldía? Tenía esperanzas de que estuviera prácticamente domado y listo para ocupar su puesto como perro, ya que las cosas habían cambiado sensiblemente en las últimas semanas. Por lo pronto, sus padres le habían regalado la casa de la costa y se habían establecido definitivamente la capital, por lo que ya podría disponer de la casa totalmente y utilizarla a sus anchas. Sin embargo, las últimas dos semanas apenas había pisado el chalet ya que también había seguido su entrenamiento como ama en unas instalaciones próximas. Ahora su autoestima era mucho más fuerte y podía reconocer que creía totalmente en la supremacía femenina sobre el macho. Su concepción de la dominación femenina había sobrepasado los meros juegos eróticos y de la mano de los libros de Elise Sutton había descubierto un nuevo universo que aplicaba a día de hoy en todos los aspectos de la vida.

Clara terminó de pintarse levemente y salió por la puerta. Mientras comenzaba a conducir hacia su destino, notaba su excitación aumentando. No sólo había logrado dominar a un hombre, que estaba siendo entrenado para ser su mascota a perpetuidad sino que ese hombre era Jorge, su amado-odiado amor de adolescencia, del cual por fin podría vengarse. Por fin llegó al lugar, un amplio complejo olvidado de la mano de Dios y guardado por personal de seguridad femenino.

Tras decir su nombre, le fue concedido el acceso y se introdujo en el complejo hasta dejar el coche en el párking de visitas. Desde dicho lugar, el complejo parecía abandonado a pesar de que hervía de ebullición en su interior. Con paso firme, hizo sonar sus tacones hasta llegar a la recepción donde volvió a dar su nombre. Una mujer, esta vez vestida con el uniforme reglamentario de la academia la acompañó hasta el despacho de la cuidadora de Lamedor.

Irene se levantó para estrechar la mano a Clara y le ofreció asiento. Estaba despampanante esa mañana, esta vez vistiendo el traje negro de guardiana. Sus jóvenes senos se mostraban ostentosamente por el canalillo del traje mientras que sus fríos ojos azules se posaban en unos documentos encima de la mesa. Irene le ofreció un cigarrillo a Clara y comenzó la conversación:

– Buenos días Clara. Me complace verte por aquí, supongo que tras dos semanas tendrás muchísimas ganas de comprobar la evolución de tu novio, ¿no? – dijo expulsando una bocanada de humo sensualmente.

– Pues la verdad es que sí… – dijo Clara algo indecisa.

– Mira, antes de que veas a Lamedor he de explicarte algunos cambios que se han producido…satisfactoriamente. –dijo Irene reclinándose hacia atrás. – Aunque tu novio al principio se reveló bastante salvaje, podemos decir que la fusta y el látigo lo han domado casi por completo. – Una sonrisa de felicidad apareció en el rostro de Clara

– Estupendo, me quitas un peso de encima… – dijo Clara suspirando.

– Por eso no te tenías que preocupar, mejor antes que después, pero al final todos caen y se rinden a la evidencia. Lo que te tenía que comentar es que aunque ha seguido correctamente las clases de entrenamiento canino básico y otros, no está completamente domado, y puede que queden algunos resquicios de rebeldía.

– ¿A qué te refieres?

– Por ejemplo, sabemos que ya apenas piensa y que se dedica a seguir nuestras órdenes, pero el componente sexual es bastante incontrolable, lleva dos semanas sin eyacular y se está poniendo algo nervioso. No hemos querido hacer nada hasta hablar contigo…

– Ya entiendo, bueno me ocuparé de eso ahora. Tengo decidido lo que quiero hacer.

Tras hablar un rato más, Clara e Irene salieron al pasillo. Tras recorrer un poco las instalaciones, Clara se quedó esperando en la sala de visitas. De paredes verdes, fluorescente en el techo y con un sillón como único mobiliario, la sala de visitas era espartana pero privada.

Tras esperar cerca de 10 minutos, la puerta se abrió y apareció Irene tirando de la correa de LAMEDOR. Clara estaba exultante de excitación y alegría, y no pudo reprimir unos gestos de admiración cuando su antiguo Jorge se acercó a cuatro patas convertido, en todo un perro a lamer sus zapatos recién estrenados.

– Como puedes observar ya está hecho todo un perrito…

– Sí, me parece maravilloso el trabajo que habéis conseguido.

– Bueno, te dejo sola con tu mascota. Cuando acabes llama al timbre, todo se hará según lo indicado. – dijo Irene pasándole a Clara una bolsa con un bote.

Tras irse la entrenadora, Clara no perdió un instante y ató la correa que llegaba hasta el cuello de su esclavo a la pata de la silla. Tras acariciarle la cabeza, le ordenó sentarse, orden que cumplió instantáneamente. Se levantó y se colocó con las piernas abiertas y la fusta en la mano, delante de su antiguo amigo.

– Hay que ver qué bien te han domado, Jorge…huy perdón LAMEDOR…- dijo Clara maliciosamente – Así estás mejor, sentado como un perro y con la lengua fuera… – dijo acariciando su barbilla con la fusta. – pero déjame echarte un vistazo.

Clara, satisfecha con la transformación, dio una vuelta alrededor de su nuevo perro y comprobó con asombro la sujeción de la cola en el plug anal.

– Mira, esto está muy bien. Te mantendré así para siempre. Será delicioso verte correteando por la casa y que me recibas lamiéndome los zapatos cuando vuelva del trabajo.

A continuación, se agachó, y comprobó el color violáceo de los testículos del ejemplar. Con una sonrisa se levantó y cogió la bolsa que le habían entregado.

– Estas de suerte, lamedor. Hoy es día de que te ordeñe… – dijo enseñando un botecito a su hombre. – Pero disfrútalo, porque puede ser que sea la última vez.

Este comentario dejó algo turbado a Jorge, que pareció ponerse nervioso. En ese momento se volvió a agachar y tras colocarse los guantes de látex descolgó la cadenilla de plata que colgaba de su cuello. De entre sus abundantes pechos apareció una pequeña llave metálica, que introdujo en el aparato de castidad, liberando el miembro de Jorge, que comenzó a crecer, bajo la atenta mirada de su dueña.

– Mira, LAMEDOR, mientras has estado fuera de casa, algunas cosas han cambiado – dijo Clara con voz melosa- pero no te preocupes, nene…- dijo mientras comenzaba a masturbarlo.

Recomendada por la academia, Clara había conocido a Lucía, una chica que buscaba piso por aquel entonces. Lucía era ingeniera de telecomunicaciones y acababa de encontrar trabajo en el puerto comercial de la ciudad. Era una chica autoritaria y competitiva en su trabajo. A diferencia de Clara, había tenido contacto con el Ultrafeminismo y las teorías ginárquicas desde sus años jóvenes y se había ofrecido a ayudarla con el entrenamiento de LAMEDOR muy complacida.

– Ahora Lucía comparte el chalet conmigo, ¿sabes? También serás su perrito…la idea la vuelve loca, créeme. – dijo sonriendo Clara comenzó a impacientarse y aumentó el ritmo de bombeo. Notaba como el pene se hinchaba de forma ostentosa y comenzaba a gotear líquido pre-seminal. Con un gesto rápido, tomó el bote que le habían dado y lo acercó al glande.

– Vamos, ya puedes ir terminando, que me canso. Si no te corres ahora mismo, no te daré otra oportunidad. – dijo Clara maliciosamente.

Esta frase fue el detonante de la eyaculación, el semen lleno prácticamente medio bote.

– Estupendo, campeón… – dijo Clara cerrando el bote y quitándose los guantes. – Ahora es tiempo de que des las gracias a tu novia, ¿no? – dijo sentándose y bajándose las bragas.

Tras recuperar la compostura, LAMEDOR se acercó a cuatro patas a la entrepierna de Clara, que le esperaba húmeda y chorreante. Clara se preguntaba si aquella excitación era normal, su flujo era tan desmesurado que varias gotas empezaron a caer al suelo antes incluso de que su perro hubiera tomado contacto con la vagina. Tras el primer orgasmo entendió que era el poder, el poder sobre Jorge lo que la excitaba de esa manera y la volvía loca. Tenerlo a cuatro patas, atrapado entre sus piernas y deleitándose con sus fluidos. Por fin lo había atrapado y nunca más lo volvería a dejar escapar.

Tras dejar escapar un último suspiro de placer, Clara se subió las bragas y apretó el botón del timbre. Cuando Irene entró en la habitación, las dos cruzaron una mirada cómplice, mientras Clara pasaba la correa de LAMEDOR a su guardiana.

– Y ahora, ya sabes lo que tienes que hacer… – dijo Clara despidiéndose de Irene con un apretón de manos.

– Tranquila Clara, estamos acostumbradas…

De esta forma se despidió Clara, dejando otra vez a LAMEDOR en las manos de Irene, que tiró de la cadena enérgicamente.

– Y tú, perrito, vente por aquí, es ahora de visitar de nuevo a la doctora Naranjo… – dijo

Irene moviendo dos dedos de la mano a modo de tijeras mientras guiñaba un ojo.

Un leve dolor en la entrepierna me hizo despertarme poco a poco sobre el suelo de una celda. La superficie era dura y áspera, de frío cemento. La poca luz que entraba por una rejilla en la pared me indicó que estaba en un lugar diferente del que me habían tenido acostumbradas mis captoras, se trataba de una habitación extremadamente pequeña, cuadrada y totalmente vacía.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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