Academia Femdom (XII-Final)

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Lucía apartó su pie de mí y se descalzó. A continuación se quitó las calzas cortas y apoyó ambos pies, de uñas pintadas en rojo sobre la mesa. Una mirada severa, como impaciente me ordenó lo que tenía que hacer, no hizo falta ni que pronunciara palabra alguna. En aquel momento me encontraba totalmente lúcido y podía notar el peso de su mirada sobre mí mientras sacaba la lengua y lamía uno a uno sus pintados dedos. Sus pies dejaban escapar un leve olor que me desagradaba, pero realmente era su mirada la que me humillaba, su sonrisa dibujada en una expresión de control total. De vez en cuando, mi lengua pasaba ciertas regiones de la planta del pie, y como excitada daba pequeños brincos, abriendo su boca de placer, y dejando escapar un gemido que me indicaba que estaba haciendo bien mi trabajo.

– Lo haces muy bien, LAMEDOR, veo que los pies de una dama no tienen secretos para ti.

No sabes el placer que nos dará tu lengua cada que vengamos cansadas del trabajo.

De pronto dejo de mirarme y se concentró en un concurso de la televisión en el cual un grupo de chicas ganaba aplastantemente al grupo de los chicos. Con cierto descaro y picardía, la guapa presentadora dejaba a entender que era natural que las chicas vencieran a tan pobrecitos hombres, ¿se estarían extendiendo realmente las retorcidas ideas que me habían inculcado?

– Mira, LAMEDOR, voy a explicarte unas cositas de tu día a día, pero ni se te ocurra dejar de chupar, ¿eh? Tú lame y mírame a los ojos, esta vez te lo permito. – dijo volviéndose hacia mí.

– Tu rutina diaria será la siguiente. Te levantarás pronto por la mañana, de forma que tomarás tu almuerzo en tus bols del patio. A continuación, yo te entrenaré por la mañana para que completes tu educación y que así Clara esté totalmente orgullosa de ti, ¿no querrías que te vendiera a una mujer más desconsiderada, verdad? Al mediodía llega Clara del trabajo. Cada vez que veas a una mujer cruzando el umbral de la puerta quiero que te eches corriendo a sus pies y te pongas a lamerle los zapatos en signo de agradecimiento, al fin y al cabo, somos nosotras las que te alimentamos y cuidamos. Hasta que ella no te diga que pares, no pararás de lamerla, espero que muestres el entusiasmo necesario…

– Por otro lado, nosotras te sacaremos a pasear por el jardín donde harás tus necesidades y te lavaremos con una manguera que hay en el exterior. Dentro de la casa, tendrás que tumbarte en el canasto que tenemos por aquí y seguir todas las órdenes que te marquemos, ¿has entendido?

Con un leve movimiento de cabeza di mi asentimiento sin parar de lamer. En aquel instante, Lucía decidió que ya había tenido suficientes lametones en los pies y tras apartar mi cara con una leve patada, comenzó a bajarse las bragas hasta quitárselas y tirarlas a un lado.

– Ahora, y mientras que viene Clara vamos a probar tu lengua en otro lugar.

Tras abrir sus fuertes piernas y de un buen tirón, casi me hizo chocar contra su vagina, burbujeante de excitación. Tímidamente, saque la lengua y comencé a dar pequeños lametones.

Lucía me tiró de la cabeza hacia atrás haciendo que mientras la complacía la mirara a los ojos fijamente.

– Esto es muy importante, LAMEDOR. Ni a Clara ni a mí nos va que nos penetren. No voy a negar que de vez en cuando no esté mal una polla, pero normalmente nos hace daño así que tendrás que mejorar muchísimo lamiendo coñitos para pagarnos tu manutención y el esfuerzo que dedicamos a educarte.

Su mirada lujuriosa me indicó que debía llevarla al orgasmo en cuanto pudiera así que me apliqué con toda mi destreza a cumplir sus órdenes. De vez en cuando, se recostaba un poco más y me apretaba contra su ano cerrado para que también le diera placer allí donde pudiera. Era realmente una clase. Con cada movimiento me iba indicando si tenía que meter más o menos la lengua, dónde dar pequeños mordisquitos o simplemente marcarme el ritmo del cunnilingus.

Varios orgasmos después, yo seguía a cuatro patas entre sus piernas cuando una llave se introdujo en la puerta. Clara había llegado. Una mirada de Lucía me indicó que ya podía salir corriendo y hacer lo que se esperaba de mí. Con la cara aún llena de los flujos de Lucía, me precipité sobre los zapatos de la recién llegada, negros y de tacón alto.

– ¿Qué tenemos aquí? Pero si es mi perrito favorito. – dijo Clara acariciándome la cabeza.

Me dejé llevar por sus órdenes hasta que despreocupada se sentó en el sofá y tras darle dos besos a Lucía se descalzó colocando los pies sobre la mesa, apoyados en una esquina, y esperando el mismo trato de favor que los de su compañera. Con gesto rápido me acerqué y comencé a lamer los pies sudados de Clara.

– Hay que ver entre la academia y tú habéis hecho milagros. – dijo mientras reían las dos viéndome denigrado.

Clara vestía un traje de ejecutiva de color oscuro. Tanto las uñas de sus pies como las de sus manos estaban pintadas de negro dándole un toque gótico.

Tras ver la tele durante un tiempo, decidieron que ya era hora de que comiera y Clara me sacó al jardín, donde depósito agua y comida canina en mi boles. Con una mirada de felicidad me indicó que ya podía comer y que estaba muy contenta con mi cambio de actitud.

– Me gusta mucho el cambio que hemos contigo, ahora sí que eres un verdadero hombre.

Ojalá todos estuvieran como tú, a cuatro patas y llevados por una mujer que tirara de su correa… – dijo con tono convencido. – Si recuerdas tu vida pasada no te entristezcas. En cierto modo eres un pionero. Tarde o temprano las mujeres nos revelaremos y los hombres acabaréis en vuestro sitio bajo nuestro mandato. Seréis nada más que lo que sois, animales. Como sabes, soy bastante caprichosa y cuando fui a visitarte a las instalaciones le eche el ojo a uno de esos ponys tan bonitos que entrenaban allí. Quizás pronto compremos uno y te hará compañía. – Dijo Clara sonriendo.

De pronto, la puerta del exterior comenzó a abrirse, y una persona conocida cruzó al interior. Clara se giró, y tirándome de la cadena me acercó a la esbelta figura femenina. No podía creerlo… ¡Laura, mi antigua novia acaba de aparecer ante mí! Confuso, no supe hacer otra cosa que bajar la cabeza y temblar de vergüenza. Laura dio un respingo y se escuchó una carcajada en cuanto me vio siguiendo a Clara.

– ¡No puedo creerlo! ¿Este es el idiota de Jorge? ¡Pero mira que educadito está!

Clara se acercó a Laura y le dio un beso en la boca apasionadamente mientras yo seguía confuso ante tantas sorpresas. Tras introducirme en el interior del chalet Clara me lo explicó todo. En los primeros días tras mi captura, Clara había contactado con Laura y habían salido a tomar un café, recordando viejos tiempos. El café había acabado en copas y ya borrachas, la había informado de todo. Su incredulidad había pasado a resentimiento, y cuando se enteró de mi entrenamiento no dudó en participar en el plan, acallando los rumores en mi familia, dando a entender que había decidido marcharme por problemas personales un tiempo. Paralelamente, Clara y Laura habían comenzado una relación amorosa, que se basaba principalmente en su desprecio a los hombres, que tanto daño les habían hecho anteriormente. Laura había caído totalmente enamorada de Clara, parecía que pudiera hacer cualquier cosa por ella. Aunque nunca le había puesto los cuernos a Laura, no voy a negar que no me hubiera besado con otras chicas, incluso con amigas suyas. En ese momento también recordaba haberla insultado y menospreciado algunas veces, las mujeres sirven su venganza fría…

– Y todavía no hemos terminado, cariño. – Dijo Laura tomando mi correa en sus manos – Ahora yo soy la novia de Clara, pero eso no impide que no podamos casarnos y tener hijas, lo que tú siempre habías querido para nosotros y que yo tantas veces te negué.

En ese momento no entendía. Estaba claro que podrían casarse ya que las leyes lo permitían, sin embargo, lo de tener una hija no quedaba tan claro. Al ver mi confusión, Clara se levantó y volvió con algo en la mano. ¡Era parte del frasquito con mi esperma que me había extraído en la academia!

– Ya está casi vacío, pero no te preocupes porque me ha servido con creces. Pero no te preocupes, hoy en día se puede elegir el género del bebé tranquilamente y será niña…

Mientras veía a Laura acariciar el vientre de Clara, ambas sonriendo, me di cuenta de mi gran error y tuve una sensación como cuando se cae de una gran altura y el mareo te invade. Mi mundo se había desmoronado completamente y ya no me quedaba más que ser la mascota de aquellas mujeres que me habían exprimido hasta en el más humillante detalle. Unas mujeres a las que tendría que obedecer y servir para el resto de mi vida.

FIN

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmak

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