La Playa

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Hoy he ido a la playa. Un hermoso día de sol y una calor sofocante invitaban a disfrutar de la brisa del mar y sus aguas frescas. Como siempre, por estas fechas, la playa estaba llena de gente. Muchas familias con su parasol, la arena llena de toallas y unos chavales jugando a pelota en la parte más alejada del agua. Era imposible acercarse al agua, por lo que me decido a regresar a casa. De pronto recuerdo una calita, no muy lejos de esa playa, donde normalmente no va mucha gente, puesto que no es muy conocida. Ya puestos, me dirijo hacia allí, porque el calor bien merece un buen baño refrescante. Cuando llego a la cala veo que también hay bastante gente, claro es verano, pero aun así encuentro un espacio para poder poner la toalla.

Dejo mis cosas y voy a darme un baño, que me deja bien fresquito mientras me pongo a tomar el sol un rato.  Van pasando los minutos y el sol aprieta más y más, por lo que vuelvo a darme otro baño. Cuando regreso a mi toalla me doy cuenta de que las personas que habían detrás mío se han marchado y han dejado un espacio en la playa. No pasa mucho tiempo hasta que ese lugar es ocupado por una pareja de mediana edad, de muy buen ver y bien conservados ambos, que se disponen a colocar sus toallas en la arena.

Una vez colocadas las toallas, cada uno de ellos se tumba en la suya y se disponen a tomar el sol. La mujer lleva un bikini de color blanco y se coloca justo delante de mí. Están los dos tumbados leyendo un libro que me parece está escrito en alemán.  Yo continúo tomando el sol de espaldas y leyendo una revista de informática que me he comprado en el quiosco antes de ir a la playa. La pareja se levanta y se van a bañar. Me hacen señas por si les puedo vigilar sus cosas y les digo que sí con la cabeza. Al cabo de un rato regresan y me dan las gracias. Se tumban de nuevo a tomar el sol, pero esta vez la mujer se tumba boca arriba. Sus pies quedan a escasos 30cm de mi cara y su entrepierna un poco más arriba. Con la humedad del agua, el bañador se ha vuelto muy indiscreto y marca a la perfección los genitales de la mujer. No obstante no se aprecia ningún tipo de vello púbico.  Acto seguido se quita la parte superior del bikini, dejando ver unos pechos hermosos, con unos pezones oscuros. El izquierdo lleva un piercing que atraviesa el pezón de lado a lado con unas bolitas en los extremos.

Así las cosas, el calor se empieza a notar de nuevo. Ahora soy yo el que se decide a tomar un baño de agua fresquita. Sólo es un remojón para quitarme de encima el calor que produce el sol de la mañana. Regreso a mi toalla y me tumbo de nuevo. Al acercarme veo como la mujer me sonríe, a lo que yo le contesto también con una sonrisa. Cojo la revista y me dispongo a continuar mi lectura. Sin embargo, hay algo que impide mi concentración. La mujer está abriendo y cerrando las piernas, mostrando su entrepierna sin ningún tipo de pudor. No sé si lo hace voluntariamente, porque ella sigue enfrascada en su libro, al igual que su pareja.

En un momento dado, la mujer se queda con las piernas abiertas y baja su mano hasta la braguita del bikini para colocárselo bien. Eso es lo que yo pensaba, porque de hecho, lo que hizo fue apartarlo un poco, dejando ver ahora una parte de sus labios vaginales. En ese momento dejé la lectura y me dediqué a contemplar imágenes más interesantes. La mujer continuó un buen rato en esa posición y de pronto me miró y se percató de que mi mirada estaba concentrada en su entrepierna. Lejos de molestarse, esbozó de nuevo una sonrisa y continuó en la misma posición. Yo necesitaba un baño de año fría, pero en ese momento no me podía levantar, porque mi bañador delataría la erección de mi pene, que estaba apretado contra la arena, legando incluso a provocarme cierto dolor.

Tuve que dejar de mirar y concentrarme en la revista para poder volver a un estado normal, que me permitiera levantarme. Estuve un rato de esta manera, hasta que me atreví a acercarme al mar. Aunque la erección había bajado, el bañador todavía marcaba cierta excitación en mi entrepierna, cosa que creo que la mujer notó cuando me levanté. Una vez en el agua, pude refrescarme, normalizar la situación y disfrutar del fondo marino junto a unas rocas que hay en un extremo de la cala. Cuando regresé a mi toalla pude apreciar que estaba el hombre solo, y pensé que la mujer también habría ido a darse un baño. Efectivamente volvió sólo un par de minutos después que yo y se tumbó de nuevo boca arriba. Esta vez su maniobra de acomodarse el bikini ya fue más descarada y lo que hizo claramente fue apartarlo para que yo pudiese apreciar su vagina. Miré a mi alrededor para comprobar si alguien más podía gozar del espectáculo, pero me di cuenta de que la única posición que disponía de una visibilidad perfecta era la mía.

Estuve mirando un rato esa maravilla, mientras ella continuaba leyendo. Disimuladamente llevé la mano hacia mi pene, pero descarté esa opción, al ser demasiado visible para el resto de personas que se encontraban en el lugar. En cambio, la mujer no tuvo ningún reparo en bajar lentamente su mano por la pierna y llegar hasta su pubis, que empezó a acariciar como si no hubiese nadie más a su alrededor. Incluso pude llegar a ver cómo se introducía un dedo en su vagina que parecía muy húmeda por la excitación.

Yo estaba a punto de explotar. No sabía cómo ponerme, el pene se había puesto firme de nuevo y no había manera de bajarlo. Tenía que ir al agua como fuese, y eso hice. Me levante muy rápido y me fui corriendo al agua. Allí me relajé por un instante, hasta que descubrí que la mujer también se había metido en el agua y estaba nadando cerca de mí.  Pensé que ella también estaba excitada y que necesitaba un poco de agua fría para calmarse.  No le presté más atención y fui hacia las rocas que tanto me gustan, puesto que allí hay muchos peces, caracolas y también estrellas de mar. He llegado a ver langostas en ese lugar. Así estaba yo tranquilamente en las rocas cuando de pronto vi venir hacia mí a aquella mujer.

Cuando se acercaba nadando me sonrió, a lo que yo le correspondí, y se continuó acercando hasta que se sumergió en el agua. Supuse que quería contemplar el fondo marino en esa zona que es verdaderamente espectacular, pero mi sorpresa fue mayúscula cuando note que una de sus manos se había posicionado sobre mi bañador, acariciándome el pene. La mujer apareció detrás de mí y, sin decir palabra, continuó masajeando mi pene hasta que volvió a estar completamente erecto. En ese momento bajó mi bañador y se sumergió para colocarlo entre sus labios. Fue algo verdaderamente impresionante, notar cómo me estaba chupando la polla en la playa, delante de toda la gente, una desconocida, que había venido con su pareja. Así estuvo un buen rato, sacando la cabeza de vez en cuando para coger aire. Luego se paró y volvió a pajearme con la mano. En ese momento fue cuando yo empecé también a hacer lo mismo, introduciendo mi mano por debajo de su braga y acariciando su clítoris y labios vaginales. Llevaba un rato con ese tipo de masaje cuando ella cogió mi mano y me la llevó hasta su vagina, indicándome que quería que la penetrara. Primero introduje un dedo y pude notar que estaba muy húmeda, y no era precisamente del agua marina. Ella volvió a coger mi mano e hizo que fuesen dos los dedos que quería en su interior. Estaba tan húmeda su vagina, que los dedos entraban y salían con total facilidad, por lo que esta vez, sin esperar a que ella hiciese nada, le introduje un tercer, y hasta un cuarto dedo dentro de su vagina. Su cara empezó a cambiar, estaba gozando pero no podía expresarlo. Cualquiera que estuviera mirando hacia ese lugar se podía dar cuenta de que algo extraño estaba sucediendo.

En algún momento llegué a pensar en su pareja, temiendo que pudiese ver algo que luego pudiese costarme caro, pero la excitación y el morbo superaba con creces mi temor, por lo que me dejé llevar.  Mientras tenía ahora toda mi mano metida dentro de su vagina, ella me bajó el bañador. Quería que la penetrase. Aquello era imposible, delante de todo el mundo! Se las ingenió para colocarse de tal manera que parecía que estaba mirando unas rocas mientras me indicó que la penetrase por detrás. Evidentemente sólo parte de nuestros cuerpos asomaban por encima del agua, por lo que todos estos movimientos quedaban ocultos, aunque sospechosos para cualquiera que mirase.  Le aparté a un lado la braguita y la penetré el ano con todas mis fuerzas, mientras mis dedos se volvieron a introducir en su vagina, entrando y saliendo con celeridad.  En esa situación, y con la excitación que llevaba encima, temía no poder aguantar mucho, pero para mi satisfacción, la chica se corrió mucho antes que yo, dejándome la mano empapada de sus jugos, que lamí con devoción. Acto seguido, volvió a sumergir su cabeza en el agua, tomando mi polla entre sus labios y consiguiendo que me corriera dentro de ellos casi al instante. No dejo escapar ni una sola gota de todo el semen que había derramado en su boca. Se tragó todo el esperma, sacando de nuevo la cabeza a la superficie y dedicándome una sonrisa cómplice a la que, otra vez más, respondí.

Después de colocarse bien su braguita, se alejó de mi, nadando hacia la orilla. Yo, después de subirme el bañador, me quedé un rato disimulando y observando si su pareja se había percatado de algo. Al cabo de unos minutos regresé a mi toalla y pude comprobar que allí parecí que no había pasado nada. El hombre estaba leyendo su libro y la mujer continuaba con el suyo. De pronto, vi como ella hablaba con él alguna cosa y al instante empezaron a prepararse para marchar. Como ella llevaba la braguita mojada, y no solamente por el agua de mar, le indicó a su pareja que iba a cambiarse. Se colocó la toalla de su pareja alrededor de su cintura, se sentó en la toalla y empezó a sacarse la braguita del bañador.

El resto de las personas de la playa no podían ver nada puesto que estaba protegida, pero ella se encargó de ofrecerme una perfecta visión de su pubis, que pude ver perfectamente rasurado, como lo que interpreté como un regalo de despedida. Una vez se hubo sacado la braguita, sacó de su bolso un tanga de color negro que se colocó muy despacito, asegurándose de que yo tenía una perfecta visión de todo el proceso. Una vez la tanga estaba en su sitio, se quitó la toalla y se enfundó un pantalón cortito y una camiseta de color azul. Cuando recogía sus cosas, disimuladamente dejó caer su braguita del bikini en mi toalla, junto a mi cara.  Entonces me dirigió una última mirada, una sonrisa y se marchó por donde había venido.
Estoy seguro de que esa cala, por muy bella que sea, jamás volverá a ser lo mismo para mí, sin ella

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmak

 

 

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