Mario

7988621911_77df832e1e_b

Eran las 7:00h de la mañana y el despertador sonaba. Cuando Mario despertó lo apagó, como de costumbre. Esa mañana se sentía extraño, se levantó de su cama solitaria, fue al baño y orinó, todo era como siempre, salvo por esa sensación extraña que hizo que su erección matutina se mantuviera. Mientras estaba en la ducha le vinieron imágenes del sueño que tubo por la noche. Eran crueles a su parecen pero le excitaban de una manera sobrenatural. Ya Mario no sería el mismo.

En la oficina pasó toda la mañana recordando ese sueño y se prometió a si mismo que lo llevaría a la practica, fuera cual fuera su precio. Mandó a su secretaria que le trajera el diario; cuando lo tuvo pasó directamente a la sección de contactos:

– Jovencita lasciva, dominación del griego y el francés. 60€.
No le interesaba.
– Mulata de enormes pechos. Te hago una cubana por tan solo 20€.
Tampoco era eso lo que buscaba.

Siguió leyendo, hasta que uno de esos anuncios le sedujo lo suficiente como para marcar el número que allí había escrito. Al otro lado del cable contestó una voz suave y cariñosa; no parecía que fuera mucho con lo que ponía en el anuncio…. Aun así, concertó día y hora.

Eran las 20:00h y Mario aun no se había deshecho de aquella maldita erección, y eso que se había masturbado tres veces! Llegó el día de la “cita”, Mario fue a trabajar, comió y volvió al trabajo. Qué horribles eran las jornadas partidas, pero no tenía otra opción, ya que el sueldo era muy alto.
La tarde pasó rápido y nada mas acabar el trabajo subió a su BMW y condujo directamente a la dirección que le dio aquella voz amable. El portal del edificio estaba muy deteriorado. Mario estuvo a punto de dar media vuelta y largarse a casa, pero la excitación pudo con él y dejó de lado sus manías de yupie.
Toco al portero automático, le abrieron y subió seis pisos a pie. Cuando al fin se posicionó ante la puerta de la casa, no le hizo falta llamar al timbre, ya que la puerta se abrió de repente y un brazo lo agarro de la chaqueta y lo lanzó dentro de la estancia. Mario aterrizó en el suelo y cuando alzó la mirada para ver quién le había tratado así, sólo pudo ver unas botas de charol negro con tacón de aguja metálico infinito. No podía ver más allá de eso ya que todo estaba bastante oscuro. Aquella presencia de semejantes botas lo cogió de los pelos y lo arrastró hasta una habitación algo mas iluminada. Mientras los ojos de Mario se acostumbraban a la poca claridad del lugar, su erección iba en aumento.

Al fin pudo ver quién era la presencia que lo arrastró con semejante fuerza; era una chica de unos 35 años, bajita, pelirroja, delgada y de enormes pechos. Estaba vestida con unos guates largos, un corsé, tanga, sujetador que dejaba al descubierto sus voluptuosos senos, medias de rejilla negra y liguero; todo en cuero negro. También portaba un sombrero militar que le daba un aspecto más feroz. En su mano derecha colgaba un gran látigo y de la izquierda un manojo de cuerdas. Se presentó, su voz era dulce pero autoritaria, y su nombre Miss Helen. Mario la observó con detenimiento y ella tras agacharse y darle una bofetada le ordenó que no la mirara más arriba de las botas. Ya que un gusano repugnante como él no tenia derecho a hacer tal cosa. Mario obedeció sin rechistar, le gustaba que una mujer tuviera poder sobre él y más aun una como aquella.

Miss Helen le ordenó que se desnudara completamente, y así lo hizo Mario, después lo condujo hasta una mesa, allí lo ato, boca abajo, con su culo en posición idónea para recibir unos buenos latigazos. Cuando tuvo sus nalgas bien rojas Miss Helen se dispuso a introducirle un par de dedos en el ano; Mario dilató como si nada y eso que hasta ese momento su culo era virgen. Mientras él disfrutaba en su resurgimiento anal, Miss Helen aprovechó para atarse un arnés a la cintura con el que en el momento menos esperado sodomizó brutalmente el recto de Mario.
La erección de éste iba cada vez a más y estuvo a punto de eyacular cuando Miss Helen se dio cuenta y ato su pene con una de las cuerdas. Su eyaculación se corto por completo, y él seguía disfrutando. Cuando Helen terminó su faena con el trasero dolorido de Mario, lo acarició y volvió a darle unos cuantos latigazos; algunos moratones comenzaban a brotar de sus nalgas. Mario no podía más, se retorcía de dolor y placer, ya que mientras Helen le azotaba iba acariciando su pene suavemente, arriba y abajo… cuando notó que se iba a correr, ella le agarró fuertemente los testículos y volvió a cortar la salida del deseado liquido blanco.

Miss Helen disfrutaba con lo que estaba haciendo y desde hacía un rato se notaba muy excitada, así que desato a Mario de la mesa y caminó hasta un sillón orejero. Se quitó el tanga y colgó sus piernas, una a cada extremo de los reposa-brazos. Ordenó a Mario que se acercara a cuatro patas; cuando estuvo frente a ella , le dio un bofetón, lo cogió del pelo y acercó su cabeza hasta el hueco entre pierna y pierna. Mario comenzó a lamer y succionar. Helen no lo podía creer, era la mejor comida de coño que le habían hecho en la vida! Tanto estaba disfrutando que no podía mantener los ojos abiertos y él seguía y seguía… no se cansaba de lamer a su Ama, era la única manera que tenía en ese momento de agradecerle todo lo que minutos antes había hecho por él. Lo había convertido en su perro, y él como tal, no paraba de lamer a su Dueña.

Helen no pudo aguantar más y se corrió en la boca de Mario. Un líquido transparente e inodoro salió a presión del interior de la vagina de Helen, él jamás havia visto nada parecido, havia escuchado hablar de ello, pero jamás lo provocó en una mujer. Estaba tan entusiasmado que lamió todo aquel líquido sin dejar gota. Qué excitado estaba, no podía aguantar más y su erección no bajaba ni con el miembro atado. Helena disfrutó de dos orgasmos más, pero esta vez sin expulsar nada de su interior, quedó exhausta. Cuando acabó le quitó las ataduras del pene a Mario, éste se sintió aliviado pero con las
mismas ganas de descargar que hacia un momento, así que Miss Helen hizo algo por el. Mientras seguía a cuatro patas, coloco un cuenco en el suelo, a la altura de su pene, después le introdujo un dedo en el recto y estimuló su próstata. Mario eyaculó de una manera espectacular, pensó que hacia mucho que no se corría de esa manera, es más, nunca se había corrido sin que ni siquiera le rozaran el pene. Estaba alucinando. Todo su semen cayó dentro del cuenco, Helen lo retiró de allí y se lo puso en el suelo delante de la cara. Le dijo que esa era su cena, una pequeña delicatessen por haberse portado tan bien. Mario arrimó su boca al cuenco y bebió hasta la última gota, era amargo
pero le gustó.

La sesión había finalizado, los dos estaban contentos de cómo había ocurrido todo. Helen acompañó a Mario al baño donde se aseó y vistió de nuevo. Una vez en la puerta Mario preguntó cuanto le debía por esas horas de absoluto placer y ella le respondió que el precio era repetirlo dos veces por semanas. Era la primera vez que Helen actuaba como Dómina y le había apasionado. Los dos quedaron de acuerdo en ello. Ahora Mario era propiedad de Miss Helen…

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
No olvidéis comentar y compartir esta entrada en vuestras redes sociales. Es un minuto y ayuda inmensamente a la web.

firmagrey

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s