Tarde Fría

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Languidecía lentamente la tarde fría e invernal de intensos violetas, Yo aterido de frío caminaba embozado en mi abrigo azul cuyo cuello subido abrazaba la bufanda de lana color carmín que un día mi abuela materna sabiendo que iba destinado a trabajar a Teruel me confeccionase con la misma maestría que cariño. Pronto llegue a la puerta de una casa de planta baja cuyas blancas paredes se habían teñido mágicamente de un frío color rosáceo. Llamé; A los pocos segundos se abrió la antigua y pesada puerta de madera oscura, tras ella una mujer alta de larga melena rubia me flanqueaba el paso acompañando un ¡buenas tardes ¡ con un rictus sonriente que daba mas simpatía a aquel rostro de facciones suaves, ojos grandes azulados, nariz larga y bien conformada discretos pómulos y fina y prominente barbilla.

Pregunté por el enfermo, y esta mujer me dijo: enferma, ¡¡ Soy yo.!! Me condujo hacía un salón sencillo con muebles antiguos en el que en uno de sus rincones una estufa de leña consumía impenitente sendos trozos de tronco de encina propagando un calor excesivo a toda la estancia. Mientras preparaba la inyección esta mujer me iba contando con detalle algo de su vida… Vivía sola, un día su marido casi de recién casados se marchó a Alemania a trabajar para así mejorar el futuro de ambos pero o bien prosperó demasiado o bien fracasó por completo porque el caso es que al año aproximadamente de su partida dejó de escribir y de El nunca mas se supo. Yo ya había terminado de preparar la inyección. Viendo que ella seguía hablándome de sus muchas vicisitudes sin descubrir su trasero yo muy diplomáticamente y casi mas con un gesto que con palabras la conminé a que se pusiese en trance para recibir la inyección.

Al levantar su falda azul marino ya pude adivinar unas piernas fuertes como columnas de piedra, y unas bragas blancas que se rellenaban perfectamente por las redondas y tersas nalgas de aquella mujer entrada en la treintena pero deliciosamente deseable. Cuando aquellas bragas se bajaron (¡aun bastante mas de lo que era necesario para el sencillo acto de enfermería !) ante mis ojos de animal joven, demasiado proclive aún a seguir (obviando la razón,.) impactó fuertemente la impronta de aquel precioso culo al que en mi interior me decía a mi mismo que algo tan bonito merecería ser indultado del desagradable “pinchazo”. Me recreé indecentemente y tardé notablemente más de lo que era necesario para ese trance. Ella no dijo nada, sino que parecía estar disfrutando del momento, y en su
comportamiento y forma de hablar, había como un halo de insinuación para que yo persistiese en mi innoble actitud. Sin saber como, sin habérnoslo propuesto de repente me vi envuelto en un acogedor abrazo mientras sus bragas seguían bajadas hasta el extremo inferior de las nalgas, su falda a medio subir y su fina blusa blanca de algodón caprichosamente descolocada…

Caímos, ¡ mas bien nos desplomamos en un sofá,! Mientras entre besos y caricias nos íbamos despojando de la ropa tan incómoda como inútil en trances tan singulares. Ella se levantó y cogiéndome de la mano con una mirada enigmática y una sonrisa excitante fue guiándome hasta su alcoba, allí nos dejamos caer en la cama y completamos de una vez la complicada tarea de desnudarnos mientras tratábamos de no parar con los besos y caricias. Como dos fierecillas jóvenes el fragor de aquella batalla contra nadie dejó nuestras mentes totalmente en blanco, y solo respondíamos a los estímulos de nuestros instintos mas primarios. La penetré suavemente, ella me recibió con un grito jadeante, los latidos de su corazón podían percibirse clara y contundentemente en el centro de su pecho mientras yo al tiempo que la poseía le besaba los pómulos, los lóbulos de las orejas, el cuello y hasta sus finos y huesudos dedos… Ella muy suavemente se retiró de mí dejando momentáneamente desangelado mi pene y comenzó a recorrer mi cuerpo con sus labios con besos que me hacían estremecer… Al llegar a mi pene duro como un trozo de rama de encina se lo metió en la boca y ayudada por la lengua comenzó una explosión de placer para mi, que creí no poder controlarme y por momentos me veía impotente de controlar la eyaculación. ¡Pero resistí.!

Tras mucho rato con juegos y penetraciones esporádicas, le pregunté si alguna vez la habían sodomizado ¡es decir ¡ si la habían penetrado por el ano, ella con movimiento de cabeza me dijo que no, pero al mismo tiempo se dio la vuelta y se puso a “cuatro patas” Yo manteniéndola boca abajo la conminé a que se echase estirada, Sabía que para ella, así sería mas molesto, ¡incluso doloroso ¡ pero para mí mucho mas placentero. Ella obedeció, encajé mi pene en el esfínter anal, y empuje con leves movimientos vi como sus ojos se cerraban apretados con fuerza mientras el rostro en su conjunto esbozaba un silencioso gesto de dolor… Seguí, y su rostro se fue distendiendo y su estado fue pasando con rapidez del leve dolor al incipiente pero prometedor placer, así, ambos fuimos sumergiéndonos en un volcán de placer hasta que yo presa de mi debilidad eyaculé quedando desplomado sobre sus suaves y respingones glúteos. Luego en los días sucesivos, tras la inyección venía mas de lo mismo, pero eso quedará para relatarlo en otros escritos.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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