Sesión de fin de semana (II)

El motor del coche se apagó tras varias horas de trayecto. La noche anterior no pude dormir bien, estaba excitado, ansioso y nervioso desde que mi Ama me rebajó a la categoría de perro y me dejó así, era algo nuevo y las cosas nuevas me alteran demasiado como para poder relajarme. A las seis de la mañana sonó el despertador, mi Dueña recogió todo lo necesario, permitió vestirme y andar como un ser humano hasta el coche, pero sin poder mediar palabra o sonido alguno. Una vez dentro del coche, en mitad del parquing, me volví a desnudar por completo en la parte del maletero, entonces mucho más grande al tener los sillones traseros plegados. Una vez terminado, mi Ama ordenó estarme quieto y en silencio, colocó los sillones y el maletero en su posición inicial, subió al asiento del conductor y arrancó el coche, destino desconocido.

Los pasos de mi Ama eran cada vez más sonoros, había salido de su asiento para abrir el maletero y dejarme estirar las piernas mientras ella acababa de recoger todo del coche y dedicarse a montar la tienda.
 
Con la tienda montada, me agarró del collar y salimos a pasear por los alrededores. Aún recuerdo lo fangoso que estaba el terreno, lo sentía a través de los mitones que aún llevaba puesto, y si no era eso me dolían las extremidades por el borde de las piedras que encontrábamos por el camino. A mitad de camino ordenó que abriese la boca, se levantó la falda de cuero y depositó toda su orina en la boca. La verdad es que mi Ama ese día estaba espectacular, ataviada con sus grandes botas de cuero que le llegan hasta las rodillas, de tacón grueso, una falda corta de cuero a juego y un corsé de cuero rojo con las varillas de plástico. Además cuando paseamos siempre trae consigo una fusta por si debe disciplinarme.
– Traga. Traga, no beberás nada más en un rato. -Insistió ante mi pasividad de cumplir esa orden, sabe que lo detesto, por no decir que es casi un límite.- Así me gusta. ¿Está contento mi perro?
– Wof.
– Ven, Susy. -Dijo mi Ama sentándose en una roca, levantándose la falda.- Trabaja.
Trabajar. Hacía mucho que no oía esa palabra. Para mi pareja, cuando se comporta como  Dómina, los hombres estamos única y exclusivamente para dar placer a las mujeres, y es una obligación darles placer. Como quiere que le dedique el mismo o más esfuerzo que en mi trabajo, le asignó la misma palabra; solo que en caso de errar no me despide, sino que me degrada. Aún recuerdo cuando prefirió tener sexo viendo porno y masturbarse ella sola un mes entero y ni los fluidos me dejaba lamerle.
Ese día sabía y olía especialmente bien toda ella, los fluidos lentamente unificaban los sabores en mi lengua, que no dejaba de “trabajar” lamiéndole todo su sexo de arriba abajo, prestando especial atención a su clítoris, cada vez más duro e introducir en intervalos intermitentes mi lengua en su ya empapada vagina. Notaba que mi Dueña estaba realmente excitada, así como necesitada de un pene erecto y duro, cada lengüetazo en su sexo le hacía llegar hasta las estrellas, gimiendo sin pudor ni temor a que otra persona le oyese.
– Y ahora, haz lo que más me gusta. –Exigió agarrándome del pelo, para mirarme a la cara son esos fuegos llenos de pasión y empotrarme toda la cara en su húmeda vulva- Tienes veinte segundos o habrá represalias.
No podía fallar. Es el único instante en el que mi Ama exige total entrega de mis sentidos y mi sumisión para hacerla explotar. Muchas horas de disciplina, muchos azotes de castigo, mucho entrenamiento para llegar a saber cómo excitarla y ayudarla a correrse en mi cara, en mi boca, mientras le lamo en la vagina con mi lengua y estimular su clítoris, de forma salvaje, con mi nariz. No hay nada más humillante y placentero para un sumiso que ese momento. Da gusto oír cómo gimen y gritan por la explosión que sienten en su bajo vientre por hacer bien la faena, permitiéndote notar el calor de sus fluidos en mi boca.
– Buen perrito – Dijo acariciando mi enjaulado sexo, duro y luchando por escapar de esas paredes.
– Wof – Tuve que alertar, apartando mi sexo de ella, que era conocedor que el sexo no me estaba permitido, alejándole de sus pensamientos esa idea de tener sexo con su perro en mitad del bosque.
– Es cierto. Limpia. Buen chico. – Dijo jugando con un dedo estimulándome la zona perianal, mientras yo le relamía todo su sexo y las gotas de su orgasmo esparcidas por sus desnudas piernas- Muy bien Susy. Quizá hoy tengas premio.
– Wof, Wof. –Dije moviendo el trasero mostrando alegría.
– Ya es hora de volver, Vamos.
Caminamos en silencio todo el camino de vuelta, el terreno había secado gracias a los rayos solares, muy calientes para estar a tanta altura en esta época del año, y era muy agradable ver cómo mi Ama tenía una sonrisa de oreja a oreja.
– ¿Qué…? ¡Eh, apártate del coche!

Acabará el próximo fin de semana. No te lo pierdas.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmagrey

2 comentarios en “Sesión de fin de semana (II)

  1. No sé porque la gente no comenta si no cuesta nada y nos da muchos ánimos a los que escribimos. El relato me va gustando mucho. Es sencillo y cautivador. Engancha pero me deja en duda es 100% verídico? Saludos

    servus {Bastet }

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  2. Como bien dices, comentar no cuesta nada.
    La gran mayoría de neustros relatos que indicamos que son reales, lo son al 100%. Excepto algunos, y eso que llevamos ya muchos entre este blog y otros sitios. Ahora, la magia es no desvelar en cuáles la vericidad es del 100% y cuáles del 90% ;).

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