Sesión de fin de semana (III)

Ambos estábamos alterados. Dos agentes de policía, y sus respectivos coches, habían encontrado nuestro paradero habitual y estaban inspeccionando el coche y la tienda, sin permiso alguno. Mi Ama estaba hecha una fuera, gritando a pleno pulmón para que dejasen en paz sus cosas, no dejé de notar en todo el trayecto lo que me ahogaba el collar de tanto tirar y no pensar en mí. No es sorprendente, para una dominante en condiciones sólo debemos ser una continuación de ella, pero insignificante y desprendible.
 
– ¿Es suyo todo esto? – Preguntó el policía. Era alto, muy fornido, moreno y de ojos marrones.
 
– Sí. – Dijo ella andando hacia ellos, indicándome antes que me quedase a medio camino cubierto por la paja.
 
– ¿Sabe que no puede estar aquí? – Preguntó la chica policía, más bajita que su compañero, rubia, de ojos marrones y pechos considerables.

– Llevo haciéndolo dos años agentes.
 
– Es zona restringida. Está penado.
 
– Lo siento agentes. No tenía ni idea. Recogeré mis cosas cuantos antes.
 
– Hay un cámping más abajo.
 
– Me gusta acampar fuera de cámpings. No me gusta estar rodeada de gente.
 
– Comprendo. -Dijo la policía mirando de arriba abajo a mi Dueña.
 
– Juliette. Debo irme.
 
– Tranquilo, yo me quedo. – Contestó ella y se fundieron en un beso corto.
 
– ¿Qué hora es?
 
– Las cuatro y media.
 
– Qué tarde. Debo recoger entonces.
 
– ¿Tiene prisa?
 
– ¿Disculpe?
 
– ¿Porqué va vestida así?
 
– No tengo porqué responderle. Creo que se lo imagina.
 
– ¿Y qué hace sola?
 
– ¿Porqué tiene tanto interés, agente?
 
– Se han cometido robos en las últimas semanas por esta zona. Todas las víctimas dicen que iba vestida de una forma sospechosa. Y usted va vestida de forma sospechosa.
 
– No voy vestida de forma sospechosa. Y en caso de que así fuese, no tengo tiempo ni ganas para robarle a otras personas. Además, no hay prueba ninguna que me hayan visto.
 
– ¿Tiene coartada?
 
– Claro. ¡Susy ven!
 
En ese momento estuve muy confuso. No sabía qué pasaba ni porqué estaba siendo llamado con otra persona al lado. Mi Ama tuvo que gritarme dos veces más hasta que deduje que era importante, sino no insistiría. Comencé a caminar lentamente, por lo que mi Ama me contó luego la policía se asustó e hizo amago de sacar el arma, no fuese que saliese del campo de trigo una bestia fiera y atacarla. Estaba muy nervioso, no sabía que pasaba ni lo que iba a suceder, cuando vislumbré los zapatos de mi Ama me quede detrás, quieto, la respiración parecía entrecortada y la cabizbajo debido a la vergüenza y la incertidumbre.
 
– Como ve, no teníamos interés alguno en asaltar casas. Simplemente hemos recreado fantasías por esta zona. Si es delito, no lo volveremos a hacer.
 
– En una finca privada es delito. Pero no han notificado denuncia alguna.
 
– ¿Podemos irnos agente?
 
– Sí, por supuesto. Que no se vuelva a repetir.
 
– Gracias agente.
 
Desmontamos la tienda, guardamos todo en el coche, subí al maletero del coche y nos alejamos de ese sitio, destino a nuestra casa, vigilados de cerca por esa policía hasta que abandonamos la zona del Garraf, en Cataluña. No mediamos palabra alguna desde que me postré a sus pies delante de esa chica, y subí al maletero. Seguimos así hasta que llegamos al parquing, dejó que me vistiese y subimos a casa con todos los trastos, cargados por ella, y entramos en casa. Ahí hizo despojarme de al ropa y acercarme con ella al sofá.
 
– Sube. Te ordeno que subas, Susy. -Dijo indicándome que debía acurrucarme a su lado, en la chaiseelongue.
 
– Wof.- Dije para agradecer el calor de la tela y las mantas del sofá.
 
– Buen chico. Te has portado muy bien. Hiciste muy bien en no mirar a esa policía. -Dijo ella acariciando mi sexo.
 
– Grr…-Dije alertando. Siempre debo hacerlo si tengo ganas de correrme, deseoso de penetrarla o con ganas de notar su dominación.
 
– ¿Excitado? ¿Quieres que te penetre? ¿Quieres dar placer a tu Ama? – Fue preguntando esperando unos segundos y formular así la siguiente pregunta.
 
– Wof.- Ladré para contestar a la tercera opción.
 
– Buen chico. ¿Lo pasaste mal?
 
– Hm… -Ladré con tono de pena.
 
– Yo tampoco quise. No nos quedaba otra. Es límite de los dos, no volverá a ocurrir. A partir de ahora iremos a sitios autorizados y que sepamos que estamos solos. ¿Te parece bien?
 
– Wof, wof.
 
– Ven Susy, sígueme.
 
Bajé del sofá y la seguí por la casa hasta llegar al baño. Empezó a llenar la bañera, con jabón y agua caliente y se fue desnudando lentamente. Una vez hubo acabado ella, indicó que hasta que no lo indicase no debía dejar de ser Susy. Ladré para confirmarlo. Empezó a sacarme el collar, le siguieron los mitones y me ordenó meterme en la bañera. No tuve un orgasmo, pero casi. Tuve frío gran parte del día y tener agua caliente por todo mi cuerpo lo agradecí como nunca, tanto que una vez entrada en la bañera me acerqué a ella a lamerla por todas partes. Incluso quise intentar darle placer en la bañera para que ella también se sintiese relajada y que no estaba enfadado.
 
– Túmbate boca arriba. Quieto. No quiero oírte. -Dijo ella liberándome del cinturón, que sacó lentamente. Sus manos empezaron a limpiar la zona, dejando que respirase y limpiarla. He estado sin sexo mucho tiempo y el contacto de este tipo despierta todos mis sentidos. – Cuando tengas ganas, avisa. -Advirtió mientras empezaba a masturbarme como si le fuese la vida en ello.
 
Ella encontró tiempo atrás la forma más “cruel” de masturbarme con sus manos y que aguantase menos, no se trata de otra que juntar sus manos, dejar un hueco en ellos y tener ahí mi pene, apretarlo con fuerza y notar bien la presión y la tirantez de la piel cuando suben y bajan sus manos a un ritmo frenético. Dos rápidos minutos hicieron efecto, mucha fue la adrenalina y la excitación estos días, y mi pareja, mi Ama, sabe cómo tocar a su perrito faldero. 

– Gr…

 – ¿Quieres correrte?

 – Gr…

 – No te acostumbres. Demuestra.

“Demuestra”. La única palabras que autoriza a tener sexo y tener permitido correrme dentro de ella. Me quedé asombrado y extrañado. Mi Ama se acomodó bien en la bañera, agarrando mi pene e insertándolo en su vagina. Confiado en que no era una de sus típicas estratagemas, moví mis caderas con todo el ímpetu posible para que en los pocos segundos que me quedasen antes de eyacular, ella también tuviese un orgasmo.

– Así, perrito. Dale duro.

Ella sabe muy bien cómo ponerme y exigirme. Excitado cabalgué más rápido y fuerte, si es que era posible, para correrme dentro de ella, pidiendo permiso previamente oyendo como ella explota en un alto gemido.

– Ya está bien por hoy Susy.

Pocas veces han sido en las que hemos realizado sexo con agua. Esa la recordaré especialmente, por todo lo que ocurrió aquél día, y por querer seguir siendo tratado como Susy hasta irme a la cama, el deseo inicial de mi Ama. Después de tener el sexo ardiente en la bañera, simplemente ambos nos vestimos y nos tumbamos en el sofá, permitido por ella, para ver la televisión. Me tapó con una manta, volvió a ponerme el cinturón de castidad y estuvo mimandome hasta que me quedé frito en la chaisselongue.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmagrey

6 comentarios en “Sesión de fin de semana (III)

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