Sumisa Por Sorpresa…(I)

Sandra es una joven de 26 años, alta, esbelta, de ojos verdes, pelirroja y con el cabello muy largo. Se está arreglando para salir de casa, se ha ataviado con unos zapatos de tacón de aguja negro y tachuelas puntiagudas, unos vaqueros negros muy ajustados, blusa roja y una chaqueta negra y larga para protegerse del frío hasta llegar tres manzanas más allá. Ella, al igual que se hermana, no le gusta mucho maquillarse, así que se ha aplicado la base, párpados ahumados de color negro y labios cual carmín. Hoy debe estar guapa, atractiva e irresistible, es un día muy especial. Es el segundo aniversario con su pareja. Josh, un americano siete años mayor que ella no ha aparecido a la cita en el restaurante dónde se conocieron en una fiesta de cumpleaños tres años atrás. No creyó el día antes, mientras bromeaban por Whatsapp después de ducharse, que el mensaje recibido “No vendré mañana. Te dejo.” fuese en serio. No podía creer que una relación que ha sido casi perfecta desde el primer día, en la que no ha habido peleas importantes y en la que ambos se complacían y se buscaban en todos los sentidos, pudiese acabar en una mísera frase por un servicio de mensajería de texto.

– Por favor, Josh…

Ella se encuentra incómoda, desesperada, avergonzada. Nerviosa, realiza unas cuantas llamadas a Josh, para pedir explicaciones, esperando una respuesta o simplemente oír de su boca que le quedan unos pocos metros más antes de llegar al cruce y encontrarse para disfrutar del encuentro y entregarse al amor y al sexo horas más tarde. Pero esta vez no iba a ser así. En el momento que el teléfono daba el tercer pitido, se cortaba la llamada.

Por primera vez en su vida una fecha importante se había convertido en amarga y humillante. Destrozada, decide ir a casa entre sollozos sin saber por qué ha ocurrido todo esto. No deja de preguntarse qué habrá hecho mal, si habrá ganado peso y por ello le habrá dejado de interesar o si otra se ha cruzado en su camino. Todos esos pensamientos y sentimientos ofuscan su realidad, no percibe el resto de gente que la miran extrañados de ver a una chica sola tan bien vestida a estas horas de la noche.

Al llegar a casa, comprueba los mensajes del contestador con la esperanza de que todo hubiese sido un mal entendido y encontrase ahí una salvación. Volvía a estar equivocada. Sandra no podía comprender qué había pasado, se pregunta si realmente ella vale tan poco para que le dejen con un triste mensaje de texto. Resignada, cuelga la chaqueta, se descalza los tacones de aguja negros y se desmaquilla lentamente en el baño, lugar en el que ve su demacrado rostro por la situación.

Suena el despertador a la mañana siguiente. Son las 09.00am. Pese a ser sábado no le ha gustado perder ni un solo minuto aprovechable y darle un uso más fructífero que estar tumbada en la cama durmiendo. Hoy no le apetece especialmente conectarse a skype para hablar con su hermana, que vive actualmente en Londres, y contarle lo desastrosa que fue ayer la cita, ya que sabe de sobras que preguntará por ello. Pero no le queda otra. Se levanta de la cama, coloca la funda nórdica en la posición correcta de una forma más bien despreocupada y se dirige a la cocina a prepararse un café. Esta noche no ha podido pegar ojo, no ha podido dejar de preguntarse qué ha pasado e intentar que Josh contestase a sus cincuenta y siete llamadas que siempre se cortaban al tercer tono.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmagrey

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