Días Inesperados

7760134_d9baa51355_b

Vicente era un hombre, de estatura media, moreno cual tierra mojada, no tenía ninguna característica especial, sus ojos no demostraban felicidad, su sonrisa estaba muerta, sus manos habían sido desgastadas por diez años de trabajar en la granja de la familia, aun así a sus 30 años  no había mejorado en ningún aspecto, lo que es más, incluso podría decirse que empeoró, enfermaba cada mes quedándose una semana en cama, los animales no le escuchaban, las herramientas las desconocía, inclusive en una ocasión comenzó un incendio en el granero, no había crecido mucho porque su tío se encontraba cerca, sin embargo no le dijo nada en ningún momento, nadie le decía nada, ni sus tíos, ni sus abuelos, ni sus primos, los vecinos lo evitaban a toda costa, sólo Amelia una pequeña y dulce de 18 años, medía apenas un metro con cincuenta, de complexión delgada, cabello hasta la cintura de color negro pechos pequeños pero firmes, culo apanado y un rostro sin mucha gracia pero que al sonreír se veía como alguien más, le escuchaba e iba a jugar con él, ambos compartían algo en común, sus padres habían muerto; durante la primer semana en que había llegado al pueblo intentó encajar en su familia, nunca les había visto en su vida, conocía su existencia porque su madre repetía que tenía hermanos y sobrinos, pero jamás se concertó una cena familiar o una visita, la empatía era una perfecta desconocida entre ellos, así que desistió, después de las labores matutinas se tiraba en una banca del jardín público, a unos 20 metros se encontraba un pequeño kiosko, alrededor de éste varios puestos de comida que abrían los fines de semana y días festivos, ahí miraba cada día después de las 6:30 de la tarde un bello rostro femenino, se escondía en el periódico del día  intentado evitar un cruce de miradas, una semana duró su rutina hasta que una voz interrumpió su “lectura”.

-Buenas tardes Señor, ¿Puedo sentarme a su lado?- Vicente retiro el periódico y se movió a una orilla de la banca, un par de minutos transcurrieron hasta que nuevamente ella rompió el silencio.

-No lo había visto en el pueblo, y de pronto aparece un día sentado en una banca, antes de verlo ésa banca siempre estaba vacía a la hora que yo vengo a pensar.-  Ella le miraba directamente, por más que el intentara resistirse no podía, tenía un algo invisible alrededor que le obligaba a girar su cabeza.

-Me llamo Vicente…- Él rojo por no saber qué decir, ella sonriendo por su penosa actitud.

-Mi nombre es Amelia, es un placer conocerle Vicente, nos llevaremos de maravilla.- Así fue como sus días cambiaron, cada día al terminar las labores ahora esperaba a su única amiga, la única persona que le escuchaba atentamente, los padres de él murieron en un accidente automovilístico, los padres de ella murieron en un incendio hacía pocos días antes de que Vicente llegara, juntos pasaban los días siendo criticados a sus espaldas, amenazados por la iglesia cuando los veían juntos, torturados por una sociedad de criterio limitado, por las noches él la infiltraba en casa ajena para bañarla, alimentarla y darle un lugar dónde dormir… Es curioso a dónde llevan las cosas, la noche antes de irse se lo dijo a su pequeña amiga de aventuras y ella lloró sin consuelo, a mitad de la noche, él sintió un extraño cosquilleo en su entrepierna, pensando en algún bicho dio un brinco de la cama,

-Disculpa, ¿Te he despertado?-  Preguntó Vicente mirando a su amiga.

-No, estaba despierta.- Amelia baja la mirada, a pesar de la falta de iluminación se le puede notar sonrojada.

-¿Qué pasa, tienes hambre o sed?- Vicente se comienza a acercar y nota que tiene una erección, al bajar la mirada observa que en efecto tiene una erección pero fuera del pantalón, se gira y comienza a acomodarse el bulto, un escalofrío le recorre el cuerpo al momento de sentir en su espalda desnuda el cuerpo caliente de su compañera, el único pensamiento de Amelia era no estar sola, siempre estuvo con sus padres, ahora Vicente se había convertido en su refugio y su hogar, sin él no sería nada, temía por un futuro en la calle, no podía pensar en nada más, no sabía hacer nada… pero estaba dispuesta a entregarlo todo por no estar en soledad.

-Déjalo como está, por favor no te vayas…- El dulce susurro de aquellas palabras lo embriagaban, el calor le derretía, la suavidad le invitaba a pecar… Con manos torpes su amiga retira el pantalón mientras él se quitaba la camiseta, él la recostó lentamente, retiró su short blanco encontrando una rajita caliente, como un comensal comenzó a degustar el exquisito platillo que reinaba ante su mirada, no sabía si era más su saliva o los jugos que se desprendían, cuando el cuello le dolió se recostó en la cama, sin decir nada ella tomó la iniciativa colocándose sobre su falo, sus pezones erectos le miraban sucumbiendo que hiciera lo mismo que allá abajo, se estiró para coger sus senos comenzando a mamarlos a la par que ella caía de golpe sintiendo en su vientre al hombre que se había ganado su confianza, un grito escapó de lo profundo de su garganta invitando a que él satisficiera cada fantasía y deseo que tuviera, sus caderas se movían rítmicamente, él sostenido en sus pechos, ella amarrada a su espalda, se tumbó de espalda para dejarle a él entrar hasta lo más hondo de su ser, que tocara su alma, sus respiraciones agitadas, gritos y gemidos al viento nocturno, ella mordió su dedo evitando decir palabra alguna, pero no hacía falta, sus caderas transmitían cada sentimiento por él, sus corazones y almas sincronizados se descargaron en un orgasmo unísono… quedaron descansando uno al lado del otro.

Ésa noche nunca la olvidarían, él abandonaría a la mujer que le entregó todo mientras que ella se daría cuenta que ése día se convertiría en la puta del pueblo, pues sólo él le había dado un techo sin cobrarle nada.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
No olvidéis comentar y compartir esta entrada en vuestras redes sociales. Es un minuto y ayuda inmensamente a la web.

firmagrey

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s