Días Inesperados (Día 7)

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El día para Vicente había comenzado muy temprano, tan temprano que se tuvo que retirar tomando el primer transporte a la ciudad, al igual que la vez pasada no tenía tiempo para avisar sobre sus actividades, Amelia era inteligente, entenderá con facilidad. ¿Lo hará? Sí, claro que sí, ella era una chica exuberante, pocas veces tuvo que explicarle detalladamente sobre algún tema, a decir verdad ella le había enseñado varias cosas, ¿Alguna vez ella dijo BDSM? No lo recordaba, y aunque fuese cierto no importaba ya.

De regreso a su fría realidad auto-impuesta intentó tranquilizarse, Amelia le buscaría una vez más cuando despertara, una lamentable respuesta le haría observar una almohada vacía a su lado, por su parte Vicente se había prometido que regresaría pronto, ella era su verdadero amor, ni siquiera la pastelera podía acercarse en la lejanía a su corazón o ser parte de sus pensamiento, ¿Acaso no pensaba todo el día en ella? Sí, lo hacía, pero no de una manera positiva, pensar más en la pastelera haría que su mente se enfocara exclusivamente en ella, debía distraerse, iría al cine, sí, al cine, las imágenes en movimiento harían que su mente cambiara de parecer.

Tres películas, dos de comedia que no le hicieron gracia, una romántica que le hizo salir a mitad de la misma cuando se convirtió en una tragedia; a pesar de todo no conseguía sacar a ésas mujeres de su mente, pasó al centro comercial pero la librería seguía cerrada, con las manos en los bolsillos paseó por el parque, cerca del ocaso los niños seguían corriendo tras su pelota, las madres conversaban de un sinfín de temas que no le parecían interesantes, se sentó en una banca de metal, cerró los ojos pensando solamente en sentir la brisa que acariciaba un rostro con una barba de dos semanas; una voz perturba la paz que había conseguido.

-Espero que se haya divertido Mi Señor.- Al abrir los ojos a un metro de él se encontraba la pastelera, además de su cabello recogido en dos coletas tenía sobre su piel un vestido corto de color rosa y sandalias blancas, por el movimiento de sus pechos no traía sostén.

-¿De qué hablas?- Intentaba disimular el hecho de que no solamente se había divertido, si no que había sido una de las mejores experiencias en su vida.

-Le vi salir, le seguí, estuve en la habitación de lado, sé que se vio con ésa flacucha, espero que le haya hecho muy feliz, incluso estaba en el mismo camión que usted hoy por la mañana pero ni siquiera se percató de que yo existía.- Rompió en llanto, el suelo fue la almohada que detuvo su caída, se arrastró arañando sus rodillas hasta abrazar el regazo que amaba.

-Se lo ruego Mi Señor, ámeme, seré todo lo que usted desee, se lo suplico, ámeme.- Sus dedos comenzaban a lastimar sus muslos, tenía más fuerza de lo que aparentaba, él se levantó haciéndola caer en sus nalgas.

-¿Quieres que corresponda de la misma manera lo que sientes?- Su voz se tornó tosca, fría, algo en su interior se corrompió, se sentía libre, sin ataduras, no importaban las miradas de las señoras que ahora se limitaban a ver el espectáculo, no importaba si Diana se largaba como otras veces, no importaba mostrar su ser sin sentirse culpable de algo, ahora que ella le había mostrado una actitud que incluso le daba vergüenza a él, ella le miró desde su posición, secó sus lágrimas y habló con sumisión.

-Sí Señor, es lo que más deseo.- Sus ojos brillaron, posiblemente por algún reflejo del sol es su húmeda mirada.

-Si así lo deseas te cogeré de cada manera que lo has leído, te ataré a mi vida, te romperé el culo a latigazos, te haré sucumbir ante mis palabras, serás mi perra personal, acatarás cada regla que ponga, sonreirás aunque llores del dolor y me darás las gracias por cada bofetada.- Una sonrisa de oreja a oreja se formó en el rostro de aquella que se entregaba en cuerpo y alma, hizo un ademán de querer levantarse pero una mirada fulminante por parte de él le hizo agacharse.

-No te he permitido que te levantes, escucha atentamente, así como estás te darás media vuelta, te levantarás y te largarás a tu casa, el día que te sientas preparada para servirme la puerta estará abierta de las 8:00 a las 8:30 de la noche, llegarás vestida solamente con un vestido corto de color negro que tenga escote abierto, si no tienes uno entonces arregla cualquiera, ahora vete.- Aún sorprendida por el cambio de actitud tan radical en aquel hombre le obedeció, pues él era lo que deseaba y era innegable el hecho de que tales órdenes le habían mojado su sexo.

Él estaba observando atentamente que no volteara hacia atrás, no lo hizo, ¿Ha obedecido? Sí, lo ha hecho, tan fiel como una perra que busca dueño, regresó al lugar de partida, aquella banca que había podido sentir el corazón que le palpitaba resonando hasta el centro de la tierra, el cielo amenazaba con una oscura nube regresar sería lo mejor por el momento, antes de girar hacia su departamento decidió caminar un poco más allá, no lo había hecho antes y se sentía intrigado por lo que habría, después de 15 minutos al sentir que la lluvia comenzaba a caer se dio media vuelta emprendiendo su regreso, sin embargo no había dado más de tres pasos cuando miró un pequeño letrero “BDSM”, de nuevo ésas letras lo habían encontrado (O quizá él las buscaba), entró a la pequeña tienda, le sorprendió ver al tendero.

-Bienvenido joven, espero que sus lecturas hayan sido de su agrado.- Aquél viejo hombre parecía seguirle, la sangre le hervía al recordar el inicio, pero ése día las cosas habían cambiado, ya no pensaba como antes, su interior se sentía mejorado, después de verlo un par de minutos en silencio rompió con el mismo.

-Fueron agradables, inesperadas, pero agradables.- El viejo sonreía sin que él lo pudiese observar.

-Puedes escoger cualquier artículo de la tienda, eres mi único cliente, así que no te preocupes por nada.- Las palabras del viejo hacían dudar al joven de la veracidad del asunto, parecía más cuestión personal que una invitación inocente  a conocer mejor un mundo nuevo. Tenía esposas, cueros, una pelota, antifaz, entre los dildos, pasando los trajes de enfermera y sirvienta encontró dos objetos, una bala vibradora de 8 cms y un huevo vibrador de 12 cms.

-Son a prueba de agua, la bala tiene una distancia de 4 metros, el huevo una distancia de 7 metros, la diferencia principal es que usualmente resulta más incómodo el huevo por el tamaño, fuera de eso las funciones son las mismas, toma el que prefieras.- Vicente ante tal comentario fijó su vista en el mayor, mientras imaginaba las posibilidades se dio cuenta que no sabía nada de ése mundo, adquirió conocimientos sobre el trato, las posiciones, el cuidado, las prácticas, pero al encontrarse con el viejo nuevamente ingresa en un extraño e irregular mundo en cual es apenas un niño pequeño.

-Anda, toma el que gustes, has dejado tu vista clavada en el huevo, es tuyo si lo deseas.- Ligeramente sonrojado lo toma de la estantería, se aleja con paso veloz del viejo.

-Dije lo que gustes…-La instrucción tenía un fondo de mandato, de orden, Vicente regresó sus pasos, tomó de igual manera la bala y uno de los trajes de sirvienta, en el umbral del local mira de reojo al viejo que ahora tiene una sonrisa siniestra.

-¿Nos volveremos a ver?- Su voz tenía un hilo de temor ante las posibles respuestas, esperaba un no pero deseaba un sí.

-Depende de ti.- Una respuesta apropiada para la situación, una mueca de aprobación surgió de los labios de Vicente cuando salió por completo. Al llegar se quedó parado a mitad de la habitación ¿Qué harás mañana? Improvisar, tal vez, él no era de los mejores improvisando, después de todo había abandonado dos veces a quien amaba y le amaba, pero si gozaba de una buena imaginación, veremos… ya veremos…

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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