Días Inesperados (Día 9)

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Había ido al supermercado temprano, tan temprano que aún se encontraba cerrado, esperó ahí, a cincuenta metros había una fuente, la misma donde hacía unos días los niños se encontraban jugando, creía estar soñando, a ésa hora ella no debería de estar ahí, caminó hasta que ella se hubo percatado de su presencia, intentaría esconderse pero la misma idea ya era inútil.

-¿Te has arrepentido de tus palabras?- Se notaba que las lágrimas deseaban brotar, derramarse hasta caer a los pies de él.

-Yo… no… pero… yo…- Cubrió con sus manos su rostro, la pena y la humillación que sentía eran desgarradoras para su alma, no soportaba ver a su amado después de que ella había faltado durante tres días, tres días en los que había pensado en ahuyentarlo de su vida pues no espera que él reaccionara de ésa manera cuando ella se le había ofrecido públicamente.

-¡Mírame!- Su voz penetrante invadió por un segundo todo el espacio, algunas avecillas salieron volando por el estruendo de aquel grito, ella le miraba pero desviaba sus ojos. Aún más violento que antes se acercó con furia en su mirada ella se encogió de los hombros al tenerle tan cerca de aquella manera. La tomó por el cabello hablándola hasta que cayera al suelo y sosteniéndola de ésa manera comenzó la tortura.

-¿Qué es lo que quieres? ¡Ehh! ¿QUÉ QUIERES?- Sus gritos podían escucharse en la lejanía del parque, impávida ante aquellas palabras se limitó a llorar en silencio, por su parte, harto del silencio obligado arrojó a Diana lo más lejos que pudo.

-¿Aún recuerdas las poses?- Su voz se tranquilizó, aquella criatura asintió con dolor.

-Ko-lar.- Una sonrisa natural se dibujó en el rostro de su juguete, se hincó, alzó los brazos y ladeó un poco su cabeza dejando ver su hermoso cuello, Vicente se quitó el cinturón de cuero negro, lo ajustó al tamaño de su perrita, terminando, la “cuerda” era corta y rígida, mas era suficiente para pasearla, comenzó a caminar en silencio alrededor de la fuente con ella siguiéndole, después avanzaron por los senderos del parque, había un par de personas que hacían ejercicio, les miraban un par de segundos regresando su mirada ignorando lo que habían visto, después de media hora de paseo a la perrita se le cayó una sandalia, comenzó a gemir, tenía miedo de hacer algo incorrecto, siguió gimiendo mientras Su Señor mantenía un mirada altiva, en su mente sólo pasaba la idea de seguir junto a él todo el día, no le importaba lo que los demás pensaran, no importaba si la traía de ésa manera siempre, ella deseaba estar al lado de la persona que amaba así fuese su perra, su puta o su zorra, por lo que había leído su Amo sentiría lo mismo que ella, si ella le amaba Su Amo y Señor también lo haría; no reparó en el momento en que se habían dado media vuelta hasta regresar al punto donde ella había empezado a gemir.

-Tómala y entrégamela.- En su distracción toma aquel objeto con su mano alargándolo hacia Su Señor, el cuero en su garganta le asfixia al momento que es levantada con el mismo, ambas miradas se cruzan mientras suelta la sandalia y comienza a tomar una tonalidad rojiza, después de varios segundos le deja libre.

-Eres una perra, compórtate como tal.- Un poco confundida mientras recuperaba el aliento, tomó la sandalia con su boca, se hincó poniendo sus manos contra su pecho, las manos hacia afuera con los dedos apuntando hacia la tierra y un tierno chillido de su voz, tomó lo que su perra le ofrecía y con la suela de la misma le dejó rojo su lado izquierdo del rostro, lágrimas aparecieron, ésta vez rodaron y cayeron hasta los pies de Su Señor.

-Agradéceme y después lárgate de mí vista.- Le quitó el cuero mientras cavilaba en sus actos… mientras Diana, maltratada, ultrajada y humillada… Se sentía la mejor de las mujeres, su corazón latía de felicidad, su mente estaba nublada de millones de ideas para decírselas a Su Señor, que le atara, la quemara, le escupiera, la violara, que hiciera lo que él desee con su cuerpo y su mente, que ella era feliz sólo con el hecho de que él estuviera ahí, de tan sólo imaginar todas ésas escenas su sexo se había  inundado, deseaba más, no quería que se detuviera, quería más, había pensado en desobedecer para que Su Señor le amara más tiempo, pero cabía la posibilidad de agobiarlo, tanto que pensar en una fracción de  segundo, tanto que se limitó a seguir las instrucciones.

-Gracias Mi Señor por ésta hermosa mañana.- Tomó la sandalia con su boca y se comenzó a retirar como había estado la última hora, más allá de la fuente se perdió la visión de su culo. Pasó al supermercado, compró víveres, regresó a su departamento, acomodó en la alacena lo que debía de colocar, se sentó en su cama y muy tranquilamente comenzó a proferir injurias al infierno, ¿Cómo pudo realizar aquellas acciones? Ciertamente fue liberador, se sintió nuevo, mejorado, pero aun así en su interior sentía algo extraño, una mezcla de dolor, angustia, soledad, poder, control, soberbia, era delicioso lo que ahora crecía en su interior… Ésa noche durmió plácidamente recordando los gemidos de su perra.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmagrey

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