Días Inesperados (Día 10)

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Se escuchó la puerta abriéndose casi por sí misma, miró el reloj en su mesa de noche, 8:01 un retraso mínimo pero suficiente para darle un castigo, llegó sin zapatos, ni suéter, sólo el vestido le cubría.

-Llegas tarde, levanta tu vestido.- Lo hizo en el acto, sin tanga y el coño bien depilado.

-Ahora, vas a recoger el departamento, lo limpiarás a conciencia, dejarás impecable cada rincón.-  Una voz profunda provenía de su garganta, decidida en cada palabra.

-Si Mi Señor.- Su vista en el suelo le daba confianza, ella se moría de la emoción por servirle al amor de su vida, no importaba si era limpiar mil veces el departamento, estaría cerca de él. Vicente se levanta, va hacia el cajón de la mesa de noche.

-Cierra los ojos.- En el acto obstruye su mirada con sus párpados, escucha algo metálico y siente un frío en sus muñecas. Ella abre los ojos recibiendo una bofetada.

-No dije que los abrieras.- Diana los cierra una vez más, ésta vez con miedo y el corazón acelerado. Escucha más metal y siente frío en sus tobillos, un peso le jala los brazos hacia el suelo. La dirige haciendo que el metal repiqueteara por la habitación.

-Ábrelos.- Al hacerlo, se puede observar con las cadenas unidas, levanta los brazos no más allá de su pecho, sus pies tenían apenas el espacio justo para caminar despacio sin caerse, las manos estaban separadas por escasos 15 centímetros.

-Mi Señor…- Las palabras que seguirían seguramente recibirían otra bofetada.

-Si te quejas, puedo pasar tus manos a la espalda para que tenga fundamentos tu irritación.- Los ojos de Diana se ponen como platos ante tal afirmación, niega rápidamente en un movimiento limitado de espacio para no dejar de mirarlo.

-De acuerdo, entonces a limpiar.- Con dificultad comienza a limpiar todo, lo que le costaría 30 minutos le toma 3 horas, exhausta y con sus extremidades adoloridas se presenta ante Su Señor, su rostro era tan rojo como lo sería su culo en los próximos minutos.

-Mi Señor… yo… ter… terminé… Mi Señor.- Su voz reflejaba sus actos, su pena era evidente, bajó el libro que leía se quitó los auriculares donde escuchaba un poco de música clásica y miró con frialdad a su “sirvienta”.

-¿Qué y cuántos fueron?- Su voz mostraba una absoluta tranquilidad, pareciese que nada le podría perturbar en ése instante, más relajada le confesó la realidad sin miramientos.

-Tenía en cristal 10 platos, 4 vasos, 2 tapas para cacerolas, una licuadora, 5 espejos y 2 jarrones. Ahora tiene 6 platos, 2 vasos, 4 espejos y un jarrón.- Su voz tan inocente en cada palabra dictaba una confianza absoluta en que no habría castigo, lo esperaba pero su alma se aliviaba por saber que su cuerpo no recibiría castigo por sus errores. Vicente se levantó, tomo una pequeña llave, retiró cada cadena y esposa, guardó todo en su lugar y regresó a su lectura. Diana tocó sus muñecas sintiendo los surcos de las esposas, no sabía si irse o quedarse, si hablar o seguir callada, miraba a Su Señor, pero él no hacía nada, cerró los ojos y haciendo un gran esfuerzo por sostener una sonrisa habló.

-Creo que me retiraré Mi Señor, descanse.- No pasó un segundo cuando el rostro de Su Señor se transfiguró mostrando un carácter totalmente distinto.

-¡¿SÓLO ESO???!!! ¿ACASO CREES QUE ME REGALAN CADA COSA?- El libro salió volando junto con los audífonos, se puso de pie, dos pasos dio hasta llegar junto con Diana, la tomó por sus cabellos arrojándola boca abajo hacia la cama, su culo ahora estaba al descubierto.

-¡QUÉDATE ASÍ!- La excitación y el miedo invadían su cuerpo, temblaba aún si estaba mojada con sólo aquel empuje.

-¡POSICIÓN DE USO!- Fue inmediata la reacción, subió las piernas a la cama empinando su culo lo máximo posible, sus manos las colocó un poco más arriba de su cabeza que se quedó mirando hacia la derecha, sintió algo frío que se introducía sin previo a viso en su vagina, de reojo observo que su amo estaba parado, no podía ser él quien estaba adentro; en efecto, él había introducido el huevo vibrador, sólo la había dejado ahí, introdujo un dedo en el ano de su perra mientras gemía de placer, dos dedos, las sábanas estaban siendo estrujadas por las uñas, retiró los dedos e introdujo la bala, miraba el dulce espectáculo frente a él, se alejó un momento, buscó en su mochila de viaje una cámara digital, comenzó a tomar fotografías; “No… fotos no… por favor… es una vergüenza… por favor Señor… fotos no…” Ésos eran los pensamientos de ella en el momento en que escuchó el sonido del disparador, él tomó su cinturón con la mano derecha y la cámara la dejó en su mano izquierda, comenzó a azotar el culo, las piernas y los pies de su perra, los minutos corrían en la cama como el agua fluye en el río, nada detenía lo que ocurría, encendió ambos juguetes al mismo tiempo, se estremeció dando un grito ahogado, el botón de encendido subía y bajaba, a veces se quedaba trabado en una posición o iba creando un ritmo suave de sus caderas; casi al final era complicado continuar con cada acción pues los objetos salían de su lugar, con las nalgas más rojas que su rostro hacía más de una hora antes y aquellos cilindros que no estaban quietos decidió terminar con  todo cual relámpago, quitó los vibradores, jaló a Diana por el cabello para que se levantara y como si nada hubiese ocurrido habló.

-Ahora vete, largo.- Se limitó a decir aquellas palabras sentado frente a su escritorio, ella no esperaba su reacción ¿Se había equivocado en algo? Las piernas le temblaban por la excitación, su mente aún volaba, tristeza, alegría, euforia, coraje, sentimientos encontrados en un punto en el que no sabía si llorar o reír, como pudo, consiguió salir de la habitación sin tropezar con nada guardando un absoluto silencio, no lo dijo, pero su mirada podía expresar que no deseaba irse, que era feliz en aquel, sitio, tratada de ésa manera, ella era feliz.  La puerta se cerró lentamente, a con tal cuidado que no se escuchara en lo absoluto, en su rostro no había una sonrisa o una mueca de disgusto, además de los platos rotos no le importaba nada más, no iba a dormir en la cama, tenía un olor dulce y salado,  ésta noche prefería su escritorio por más incómodo que fuera.

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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firmagrey

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