Días Inesperados (Día 11)

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Nuevamente no le había visto el día anterior, pasó las horas contemplando la limpieza que había realizado, a pesar de sus limitaciones había hecho un hermoso trabajo, todo en su lugar, impecable al grado que al pasar el dedo índice no había una sola mota de polvo, descansó con los libros que aquel viejo le había entregado; al día siguiente, caída la noche ella llegaba a las 8:05 en el vestido que había presenciado su tortuosa excitación.

-Buenas noches Mi Señor, disculpe el retraso.- Lo miró estupefacta, vestía un hermoso traje de color negro, corbata roja y camisa blanca, su imagen le enamoraba cada segundo que le veía, se colocó en posición de torre antes de que se le hubiese ordenado, esperaba complacerlo en cada mínimo detalle pues con ésa vestimenta él se merecía lo mejor aunque sólo la tuviera a ella.

-Hoy quiero salir a tomar un poco de aire fresco.- Ella asintió posicionándose en Ko-Lar, ahora no hacía falta más que expresar sus ideas para que éstas fuesen mandamientos; tomó una cadena y un candado, lo ajustó de manera que le apretara lo suficiente para dejarle una linda marca en su cuello, su respiración era profunda pues le costaba respirar con normalidad, por Su Señor se acostumbraría a lo que él quisiera. Además de la cadena incorporó un antifaz y esposas en la espalda conectadas a la cadena de tal manera que sus manos apuntaran alto, no se imaginaba cómo andaría a cuatro de tal manera con ésa duda en su mente optó por hablar.

-Mi Señor, ¿No iba a pasear a su perra?- Ya se había preparado mentalmente para recibir la bofetada, los segundos transcurrían en silencio, su desesperación crecía, además de no saber si él se encontraba cerca no debía moverse para buscarlo. Después de un par de minutos le escuchó.

-Nunca has dejado de ser mi perra, sólo que ahora caminarás en dos patas.- Una sonrisa se dibujó en aquel rostro que ahora no tenía duda alguna.

-Levántate.- Siguiendo la instrucción se impulsó hacia adelante y con un pequeño salto se incorporó tambaleante, escuchó los pasos de Su Señor, la cadena tiraba lentamente dirigiéndola, bajaron las escaleras, salieron de la habitación, ya en la calle la brisa nocturna le pegaba en sus nalgas haciendo que sus pezones pareciesen protuberancias del vestido, caminaron más allá del parque, sólo habían torcido en una calle, caminaban en línea recta por la avenida principal, los coches pasaban con algún grito o claxonazo, ella los ignoraba a pesar de saber que ella era la causa de su comportamiento, cruzaron la avenida, ella sintió asco cuando pisó un charco, entraron a un lugar con barullo, “Personas… me están mirando… no… yo sólo quiero que Mi Señor me observe así… Mi Señor… ¿En dónde estamos?… Quiero salir… Vámonos… Mi Señor…” Pensamientos  que jamás serían revelados, comenzó a gemir como la perra que era, no podía hacer más, si chillaba o ladraba sería humillada aún más en aquel lugar, se detuvieron, escuchó la voz de Su señor ordenando una mesa, ¿Iban a cenar? Continuaron su marcha, el corazón le palpitaba incontrolablemente, en algún momento se le había ocurrido salir a cenar con el hombre que amaba, pero de aquella manera… ¿Cómo comería? ¿Qué pensarían los demás comensales? ¿La reconocería alguien? Reprimía cada pensamiento intentando solamente obedecer fervientemente las órdenes del que amaba. Llegaron y se sentó, el barullo se escuchaba más allá de 15 metros, se relajó un poco pues ya no habría personas.

-Torre.- Asintió mientras se colocaba adecuadamente, al lado de la silla de Su Señor, escuchaba atentamente el ruido de vasos, platos, tenedores y cuchillos, susurros en su cercanía le inquietaban, al fondo la música de la orquesta había detenido por un segundo su melodía, la comida se había servido, escucho claramente cómo colocaban un plato de porcelana en el suelo frente a ella, “Imposible… no comeré… no ahí… no soy un animal… no comeré así…” Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de él que le susurraba al oído.

-Si no deseas comer te puedes olvidar de un nosotros y largarte ahora mismo.- Escuchaba cómo Su Señor masticaba, tragaba y sorbía agua, ella se acercó lentamente a su plato, con los ojos húmedos olió lo que había, carne, papas, mantequilla, cebolla, ajo, zanahorias, le sorprendía poder ver si sus ojos, tomó con su boca la carne esperando encontrar el filete y tener que morderlo, cuál fue su sorpresa de que sólo debía tomar los pequeños trozos cortados para saborearlos “Gracias Mí Señor”, la carne era suave y jugosa no había queja alguna, después de unos bocados siguió con las papas, estaban hechas puré así que fue sencillo ingerirlas, las zanahorias en rodajas eran concisas pero a la vez se podían aplastar con el paladar y nada impedía que lo tragara con facilidad; de ésa manera la comida en su plato se terminó.

-Abre un poco la boca y levanta tu rostro.- Así lo hizo, sintió el vaso que Su Señor había estado utilizando, en lugar de agua se encontró con un vino tinto con un sabor fuerte, hizo lo posible por no escupirlo, no estaba acostumbrada a ése sabor, después de beber él le secó con una servilleta de tela.

-¿Te ha gustado la cena?- Nunca había probado algo tan exquisito, quizá porque ahora no veía, sólo probaba la comida o quizá porque realmente era comida de primera calidad, tal vez porque estaba con Vicente, sin importar lo que fuese, había probado la mejor comida. Asintió con una gran sonrisa en su rostro.

-Nos iremos en unos minutos, iré al sanitario, ¿Quieres ir tú?- Diana negó con ternura, lo escuchó mover la silla e irse, segundos… después minutos, su impaciencia crecía a medida que su sonrisa se desvanecía, escuchaba a todos irse poco a poco, la orquesta había dejado de tocar los instrumentos, incluso se escuchaba cómo acomodaban las sillas y las mesas, una escoba había pasado cerca de ella, lloraba… no podía gritar así que se limitó a gemir con desesperación, si se movía le castigarían, inmóvil se quedó mientras sufría en soledad; no sabía cuánto tempo había transcurrido desde el momento en que Su Señor se había retirado al sanitario hasta el segundo en que su cadena fue asida.

-Listo, vámonos.- Ella antes de levantarse se arrojó a sus pies besándolos con pasión, “Mi Señor… gracias… no me abandonó… ohhhhh Mi Señor… lo amo tanto…” No le dio importancia a lo que ella hacía, caminó con el único pensamiento de querer estar al lado de Amelia, una cena con ella hubiese sido completamente distinta, pudo haberle ordenado a su perra que le alimentara, que pusiera los alimentos en su boca, pero Amelia lo hubiese hecho sin decirle nada, sus pensamientos deliraban por Amelia, no hubo un solo segundo de aquella cena en la que no le imaginara a su lado, su amada, ¿Dónde podría estar? Él lo sabía pero no quería regresar al pueblo, la ciudad era divertida, ahora tenía una perra exclusiva para él; Ella le seguía detrás con la cabeza gacha, sonreía aunque sus pies le dolían, sonreía aunque sabía que los demás la observaban, sonreía por simple hecho de estar donde deseaba estar, junto a él. Llegaron minutos antes de la media noche, le retiró la cadena y las esposas, sus brazos cayeron sin fuerza recobrando su color natural, después de quitarle el antifaz le miró con displicencia, ella se sonrojó dando un paso hacia atrás y agachándose un poco sin dejar de mirarlo.

-Largo.- Una vez más ésa palabra, sentía que su mente se resquebrajaba, no sabía qué decir para complacerlo, no encontraba la manera de que sonriera para ella, caminó intentando reprimir su llanto hasta que hubiese entrado a la pastelería, pero no podía contener las lágrimas tanto tiempo, era torpe con las llaves, de alguna manera intentaba llamar la atención de él que estaba tan cerca pero lo sentía tan lejos, giró su cabeza para mirar cómo se introducía a su departamento ignorándola completamente, rompió en un llanto que no podría ignorar Vicente y aun así… su sexo estaba escurriendo, a su sexo no le importaba si le hablaban bonito o feo, si la halagaban o ignoraban, a su sexo lo que importaba era estar mojado gracias al trato que recibía.

Ya en su cama, observando el techo se imaginó en su cama a Amelia y a los pies de la cama a Diana, seguramente así es como debía de ser todo…

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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