Relatos

Juegos Inesperados

Ambos caminaban por la calle, cogiéndose de la mano y besándose en público para mostrar su amor en mitad del centro de su ciudad. Pese a ser invierno, el ambiente era agradable, el sol brillaba, era un sábado por la mañana perfecto. Ella necesita ropa nueva, así como ropa interior, entran en uno de los grandes establecimientos, ella se dirige a los probadores y él a buscarle la ropa. Sandra es una veinteañera pelirroja y está nerviosa. Es la primera vez que ve a su pareja en semanas y es consciente de las sorpresas que le esperan cuando, al volver, regrese a la casa de su pareja.

Desde que salieron de casa intenta frenar los impulsos que su sexo le pide, tocarse y tener un orgasmo, por culpa del huevo vibrador que lleva encendido en su vagina desde hace diez minutos. Tiene unas órdenes muy específicas: masturbarse por encima de sus bragas hasta que él de tres golpes a su puerta sin poder gemir ni tener un orgasmo. Pueden pasar desde uno a veinte minutos, de él dependerá. Lo que le importa ahora es bajarse los pantalones y que nadie note que, en realidad, está siendo usada y humillada de forma erótica por su novio. Ella quisiera poder deslizar sus dedos por debajo de la ropa interior y estimularse como ella sabe, sentir el placer y poder tener un orgasmo ahí mismo en cuestión de segundos. Pero las órdenes era muy claras, si desobedecía como la última vez seria tratada como una perra, caminando a cuatro patas, ladrando en vez de hablando, comiendo en un bol de perro, orinando como los perros y teniendo sexo anal, práctica sexual que detesta pese a no dolerle. Se sintió muy humillada y repudiada aquella vez, no quiere que se repita.

– ¿Cómo vas, Lucy? -Le llega escrito en un mensaje de texto.
– Bien, Amo. 
– ¿Tienes ganas de correrte?
– Sí, Amo.
– Sabes que no es posible. ¿Porqué hacemos esto?
– Porque le rompí su jarrón imaginando cosas que no debo.
– ¿Algo que decir antes de que me vaya?
– Decírle otra vez que lo siento. Espero no volver a defraudarle. Soy suya.
– ¿ Mi qué?
– Su…su puta.
– Bien. Sigue masturbándote.
– No he parado, escribo con una mano y me toco con la otra. 
– No esperaba otra cosa. Voy a por más ropa. 
– Sí, Amo.

Carlos, su Amo, es un hombre de treinta años separado hace dos. Su ex-mujer no era muy aficionada a estos juegos y un día la descubrió teniendo una aventura. Gracias a ello pudo romper un matrimonio concertado que nunca quiso y poder dedicarle su tiempo a la búsqueda de una pareja que lo quisiera. Conoció a Sandra hace tres meses, en una fiesta. Se emborracharon, tuvieron sexo y con el tiempo hablaron de sus gustos. Le sorprendió la respuesta de Sandra cuando él le preguntó si quería ser su novia, teniendo en cuenta sus gustos sexuales. Ella solo le pidió tiempo, paciencia y que no hubiera dolor extremo. Y el dolor que aguanta únicamente en castigos. Y ahora tiene a Sandra medio desnuda en el probador masturbándose sin ser consciente que las bragas que está comprando son para restituir las que lleva actualmente.

– Soy, yo. -Dice tras golpear tres veces a la puerta.- Ponte esto.
– Sí, Amo. -Dice en voz baja cogiendo la ropa que él sostiene, después de abrir la puerta.
– ¿Cómo vas?
– Bien, Amo.
– ¿Te corriste?
– Estoy a punto, Amo.
– Ponte esto, lo otro lo dejas aquí.
– ¿Aquí?
– Sí, colgado en una de las perchas.
– Sí, Amo.

No se lo podía creer. Su sexo se humedeció aún más tras escuchar esas palabras. El huevo vibrador dejó de funcionar, sabe que ha sido él quién lo ha apagado. Sandra se quita los pantalones y se despoja de las bragas azules, ahora húmedas y con la zona del sexo mucho más oscura, las cuelga en el probador llena de vergüenza. Luego se pone lentamente el nuevo conjunto, un tanga negro con cremallera, y acaba de cubrirse con los pantalones.

– Ya estoy Amo.
– Bien, vamos.

Sandra sale del probador, Carlos la coge de la mano y salen del establecimiento rumbo a casa. Ella sólo escucharía unas palabras hasta cruzar el umbral de la puerta marrón que ya conoce: «Lo has hecho muy bien. Voy a hacerte el amor al llegar».

Esto es todo por hoy.
Esperamos que os haya gustado. 
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